Ataria

La Ciencia Ciudadana para salvar el Mundo

Esta semana queremos recabar en el aspecto social y ambiental de la ciencia ciudadana, que están estrechamente ligadas entre sí. Normalmente, consideramos la ciencia ciudadana como la participación de la ciudadanía en cualquier tipo de actividad científica y valoramos los proyectos en base a cómo esta participación puede ayudar en la realización de avances científicos. Yendo a un caso cercano como podría ser la Red de Ciencia Ciudadana de Vitoria-Gasteiz, normalmente nos centraríamos en cómo las personas que voluntariamente participan en la Red ayudan a la catalogación de especies y a la estimación de su distribución dentro del municipio.

Sin embargo, una parte fundamental de la ciencia ciudadana es su función social y ambiental. Actualmente la humanidad en su conjunto está encarando uno de los retos más difíciles a los que se habrá tenido que enfrentar, un cambio en el clima mundial acompañado de una reducción sin precedentes de los servicios ecosistémicos en los cuales el clima mismo y todos los organismos vivientes de la tierra (incluidos nosotros) dependen. Durante las últimas décadas hemos comprobado lo difícil que es salir de este círculo vicioso siendo buena prueba de ello todas las cumbres climáticas llevadas a cabo, y los resultados opuestos a los propuestos en dichas cumbres que observamos cada día (no hemos parado de superar los límites establecidos de emisiones de gases de efecto invernadero, mientras el las emisiones totales aumentan prácticamente cada año). Si estás leyendo esto te preguntarás, ¿y qué tiene todo esto que ver con la ciencia ciudadana? Pues bien, como pasa con muchas otras cosas, cuanto más sabes y conoces de algo, más hermoso te parece y surge una mayor predisposición para su conservación. Pues con la ciencia ciudadana ocurre lo mismo, cuanto más participamos en un proyecto de ciencia ciudadana, por ejemplo en el Programa de Conservación de Odonatos de Vitoria-Gasteiz, más aprenderemos sobre este magnifico orden de insectos y cuanto más sabemos sobre ellos más bonitos nos parecerán. Aprenderemos así también cuales son las acciones que más benefician su conservación, cuales son sus necesidades ecológicas y cuales son las actividades humanas que más les perjudican. Poco a poco nuestro compromiso para con la conservación de estos animales crecerá y sin darnos cuenta, mientras ayudamos a conservar los odonatos de nuestro entorno, convirtiendo nuestra ciudad en un entorno más sostenible, contribuiremos a conservar el medio ambiente a nivel mundial. Think global, act local.

Es por todo eso que la ciencia ciudadana puede ser una herramienta fundamental que dé un empujoncito que nos permita, poco a poco, del círculo vicioso donde nos vemos actualmente envueltos.

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