Ataria

Perspectiva para un turismo deportivo sostenible.

El turismo deportivo tiene un gran potencial de desarrollo y puede ser una alternativa muy interesante para el impulso socioeconómico de diferentes territorios y ciudades. De hecho, gran parte de las limitaciones y oportunidades para su impacto económico están en relación directa con el territorio o espacio en el que se asienta.

Tenemos que entender que las actividades deportivas, al igual que cualquier otra actividad humana, requieren de un entorno físico y el uso de este entorno, de sus “recursos” y sus sistemas ambientales; lo que implica necesariamente una serie de efectos sobre dicho espacio. El transporte, el consumo energético y la contaminación asociada a éste y a fenómenos similares, la generación de residuos, etc. son algunos ejemplos de cómo el desarrollo de una actividad deportiva puede dar pie a una huella ecológica considerable.

 

Muchos de los efectos no se suelen tener en cuenta cuando se trata de medir el impacto de cualquier tipo de actividad desde un marco analítico y el resultado se materializa en estados irreversibles por efectos que no se habían contemplado (voluntaria o involuntariamente). Ante esto hay que plantear la necesidad de entender el territorio o ciudad que acoge este turismo deportivo, junto a la propia actividad, como un Sistema.

 

El análisis desde esta mirada sistémica nos permitirá acercarnos a una valoración más real y adecuada de los impactos que el turismo deportivo tiene sobre el entorno físico. Sin embargo, se trata de una realidad enmarañada, variable y multidimensional, de difícil evaluación, por lo que nunca podremos estar seguros de que se trate de una estimación determinantemente correcta.

 

La relación entre el turismo deportivo y el entorno natural puede ser de respeto o puede tener graves y dañinas consecuencias para el medio, lo que probablemente acarree a su vez graves efectos para el futuro de dicha actividad y de las generaciones que la lleven a cabo. El equilibrio es complejo, con muchas incertidumbres y una certeza: el equilibrio deberá ser dinámico, adaptándose a las condiciones y cambios de este entorno.

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