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¿Quién vive en la ciudad?

Las ciudades son hábitat frecuente de muchas especies silvestres de fauna y flora. Aunque parezca inverosímil pensar que la ciudad creada por nosotras es un hábitat natural de especies salvajes, lo cierto es que las tasas de biodiversidad en medios urbanos pueden resultar sorprendentemente altas. Sin embargo ¿qué relación tenemos con ellas?

Las palomas bravías (Columba livia), las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), las ratas y las cucarachas y los gorriones (Passer domesticus) son algunas de las especies de fauna a las que más nos hemos acostumbrado a ver entre nosotras/os. Se trata de especies ubiquistas (no especialistas de hábitat) y sinúrbicas, o lo que es lo mismo, su hábitat es el medio urbano en general. La disponibilidad de refugios y áreas de nidificación en construcciones elevadas (torres eléctricas, campanarios, bloques residenciales), o en recovecos y zonas verdes, la práctica ausencia de sus predadores naturales, a los que ahuyenta la presencia humana, y la existencia de alimento y agua (vertederos, contenedores de basura, terrazas de bares, campos de cultivo y huertas) durante la práctica totalidad del año, han hecho de las ciudades espacios óptimos para la supervivencia de aquellas especies que se han adaptado a este hábitat artificial, aunque no más que las dehesas, los campos de cultivo o las plantaciones.

Algunas de estas especies han tenido tanto éxito en su adaptación a nuestro hábitat que su población ha aumentado a un nivel problemático para poder llevar a cabo otros de los usos que tienen lugar en las ciudades, como lo son la conservación del patrimonio, el mantenimiento y la seguridad en edificios y vías públicas, las condiciones sanitarias y otras molestias derivadas de su presencia.

Y ¿frente a ésto?

Lás técnicas de control poblacional que se han utilizado para reducir la presencia de las especies que causan molestias dentro de la ciudad se han demostrado hasta ahora ineficaces. Una de las razones es que matando las palomas que ya hay en la ciudad sólo se consigue que vengan otras a reemplazarlas; es decir, que palomas de la periferia que no podían entrar en la ciudad por la competencia interespecífica lo hacen al desaparecer dicha competencia (Sol y Senar, 1991). Otros estudios indican que si se elimina 1/4 de la población, la colonia puede recuperar su densidad original en menos de 24 meses, e incluso aumentarla. En Barcelona, por ejemplo, la empresa que se encarga de los descastes de palomas ha sacrificado más de 227.000 palomas en 15 años y sin embargo la población ha aumentado un 95%. Especies como el jabalí (Sus scrofa) o el conejo (Oryctolagus cuniculus), cada vez más frecuentes en las periferias urbanas, reaccionan de manera similar ante los descastes, debido a motivos superpuestos: mayor disponibilidad de alimento para los individuos restantes o estrés derivado de la caza, que acentúa el éxito reproductor.

fauna silvestre en medios urbanos

Foto: paloma bravía (@excmurillo), jabalí (Santi Cogolludo), avión común (Birds Clean), grajilla (naturalista.mx)

 

Otros municipios han optado por sacarle partido a la presencia de fauna en sus edificios, como Malpartida de Cáceres, que fue declarado Pueblo Europeo de las Cigüeñas por el Fondo Patrimonio Natural Europeo (EURONATUR), debido a que su colonia de cigüeña blanca es de las más importantes de Europa. De esta forma fue incluido dentro del proyecto de creación de la Red de Pueblos Europeos de la Cigüeña que se gestó a comienzos de la década de los 90. Lejos de considerarlo algo negativo, lo han convertido en un recurso turístico.

Los vertederos de residuos urbanos se han convertido en una fuente de alimento constante para esta especie, lo que ha supuesto, junto con el aumento de temperatura derivado del cambio climático, que muchas cigüeñas, y otras especies, ya no migren a África, multiplicando los problemas. Una de las medidas que más éxito está teniendo en los municipios en los que no existe una convivencia pacífica es optar por la adaptación de los edificios a las necesidades de estas aves, como en la Catedral de Burgos. Desde SEO/BirdLife, Nicolás López propone la descarga de material de los nidos y su traslado controlado o la creación de colonias artificiales mediante postes, como soluciones viables y compatibles para la conservación del patrimonio histórico-cultural y natural.

Reconocer y restaurar los ciclos tróficos y ecosistémicos en los que se encuentran estas especies es otra de las técnicas que pueden aprovecharse del potencial regulador de los ecosistemas estables. Por ejemplo, las colonias de murciélagos urbanas, vencejos y golondrinas pueden evitar plagas de mosquitos en las ciudades y las rapaces pueden evitar plagas de palomas, ya que solo con su presencia ahuyentan a las concentraciones de estas aves.

¿Volverán las golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar?

La supervivencia de otras especies típicas de nuestras ciudades se ve comprometida por los cambios urbanísticos y las nuevas formas de hacer ciudad, construir y rehabilitar edificios. Esta circunstancia afecta principalmente a especies que habitan fachadas de edificios o tejados y sobretechos (vencejos, golondrinas o quirópteros). A nivel mundial, la destrucción, modificación y fragmentación del hábitat son las principales causas de extinción de especies, dentro de lo que debe incluirse la pérdida de hábitat efectivo derivado de rehabilitaciones y restauraciones de edificios.

La desaparición de éstas y otras especies urbanas conlleva más pérdidas que beneficios, y su erradicación genera más costes que los que evita. Los esfuerzos en acondicionamiento de hábitat urbano para especies que consideramos beneficiosas, como insectos polinizadores o las aves de la familia de las apódidas, pueden atraer y ser adecuados para otras especies que rechazamos, como las ratas o las palomas, mientras que hacer más diverso el ecosistema urbano puede equilibrar de las poblaciones de estas especies indeseadas, al permitir la entrada de otros grupos faunísticos en la ciudad.

Desde el Green Lab nos encontramos trabajando, junto con el Departamento de Medio Ambiente y Espacio Público y el Instituto Alavés de la Naturaleza, en una línea de investigación orientada a la conservación de la biodiversidad en los edificios, que permita la cohabitación entre especies de fauna y flora y las/os ciudadanas/os. En esta línea abordaremos las mejores técnicas y medidas a tomar en la rehabilitación y restauración del patrimonio cultural y en la generación de hábitat en la construcción de nuevos edificios, con el fin de propiciar ciudades más amables con la biodiversidad y reducir los problemas que puedan surgir de ésta entre las/os habitantes.

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