bannerviajerofinla
Categorías: Sin categoría  —  Etiquetas: , , , , , , ,   —    —  31 agosto 2016 23:57

“Egunak hogeita lau ordu ditu, baina zu ez zaude hauetan….” es como empezaba la banda sonora de nuestro viaje en furgoneta por California. La pobre campervan en la que viajábamos, apodada “Charlie”, no tuvo más remedio que oírnos cantar esta canción una y otra vez, puesto que ni Miren, ni la otra Miren, ni yo, supimos sacar el disco del reproductor de CD.

Las dos Mirenes llegaron a una de las ciudades más frías de la región de los grandes lagos de Estados Unidos, Indianápolis, apodada la nap-city (¡la ciudad de la siesta!), donde hacía un año que sobrevivía como profesora de francés y literatura en una high school. Se presentaron en Indy un 3 de abril y al día siguiente salimos las tres amigas de la universidad hacia San Francisco.

Los viajes pueden planearse de muchas maneras, pero el nuestro, fue vía Skype, a mis 4 de la tarde, cuando llegaba del instituto, y a las 10 de la noche de ellas, y así, organizamos un viaje en furgoneta que iría desde San Francisco hasta San Diego. A la emoción de viajar, había que sumarle además mi excitement por ver a Miren&Miren al otro lado del charco y cómo no, dispuestas a vivir todo tipo de aventuras bajo nuestro lema go with the flow “…goizetik iluntzera zure usainaren arrastoei segika…”!

San Francisco en bici, por el embarcadero, el pier 39 y todo el paseo hasta el Golden Gate con paradas constantes para hacer fotos, saltar, gritar y seguir cantando “sua, sua, sua, sua zu, berotzen nauzu eta honekin su…”. Llegar a Sausalito y pedirnos todas las casas para cuando seamos mayores y darnos cuenta de que tenemos que darnos prisa si queremos coger el ferry que pasa por Alcatraz de vuelta a la ciudad. Perdernos en el oscuro barrio de Tenderloin sin querer, el único lugar que nos habían dicho de evitar, y volver al Hi Hostel corriendo de miedo. Y callejear, andar por la ciudad sin calcular las cuestas que te pueden sorprender en medio del camino, las painted ladies, encontrarte con un grupo de personas que bailan Lindy Hop en el parque y empezar a bailar con ellos sin darte cuenta. Pero sobre todo, ponernos al día y hablar al sol de Ocean Beach, contarnos todo lo que ha pasado en los últimos meses por el camino que va desde Sutro Baths hasta China Beach, darnos cuenta de repente de que se está haciendo tarde y ver el anochecer desde Baker Beach, sin prisa. Y ponerle nota: 9. Porque viajar en buena compañía es increíble.

Y más tarde, the real adventure con “Charlie”, por carretera con la casa a cuestas, como caracoles, por lugares a miles de kilómetros de Vitoria. Los paisajes del Big Sur, el chasco de ver lo que verdaderamente es Hollywood, pero seguir cantando “Sua, sua, sua, sua guk txinparta eta sugarra sor dezagun…” y que nos pille una lluvia torrencial en un parque en el medio de la nada. Llegar a Joshua Tree National Park a las 11 de la noche sin saber dónde aparcar y amanecer en medio de un desierto lleno de piedras espectaculares con formas impresionantes, adentrarnos y llegar hasta una mina abandonada. Y, los pequeños placeres del furgonetero, ¡darnos la primera ducha en tres días de camino a San Diego! Desde allí, desde Point Loma Lighthouse, ver México, ojalá pudiéramos seguir viajando las tres juntas “Batzuetan hala dela sentitu arren, bestetan zalantzaz josirik…”.

Comenzar la vuelta, dirección Los Ángeles, pasando por Beverly Hills, Santa Mónica, y Malibú. Y en ese lugar, en la Zuma Beach de Malibú, ver el mejor anochecer del mundo, nuestro top 1, solas en una playa a mediados de abril, tres profesoras de inglés vitorianas, corriendo por arenas californianas sin parar de reír.

Y también llorar, decir agur a mis compañeras de aventura y coger un avión de vuelta a Indianápolis, see you soon girls!

Pero sobre todo, mirar un año atrás, ahora, desde mi ciudad, y recordar “sua, sua, sua, sua zu…”.

Tips viajeros en Estados Unidos:

– Las ciudades de Estados Unidos en general tienen un Hi Hostel para jóvenes, que suele estar situado en el centro de la ciudad y a un precio accesible.

– Alquilar bicis, es una forma barata y diferente de ver grandes ciudades como San Francisco o San Diego.

– Déjate sorprender por restaurantes de todo el mundo (en San Francisco, en la calle Valencia, ¡los restaurantes mejicanos son increíbles!).

– Rutas recomendadas en San Franciso (a parte de todos los lugares que hay que visitar):

  1.  Paseo en bici pasando por el Golden Gate hasta Sausalito y vuelta en ferry.
  2.  Paseo andando por Lands End, pasando por Sutro Baths hasta Baker Beach.

– Si vas a hacer un viaje en furgoneta, recuerda que hay normas de conducción diferentes a las nuestras (se puede girar a la derecha aunque el semáforo esté rojo, los semáforos están al otro lado de la intersección…). Hay muchos sitios llamados campgrounds en los que puedes aparcar la furgo y dormir con vistas espectaculares, pero date prisa, puesto que si llegas muy tarde puedes quedarte sin sitio. También encontrarás hoteles y moteles en la carretera que pueden salvarte y ¡proporcionarte una buena ducha!

Lands End

Malibu Beach

 

 

 

 

 

 

 

 

Lost Palms Oasis

San Francisco

 

 

 

 

 

 

 

South Carlsbad State Beach

 

 

 

 

 

 

 

 

Sunset

 

 

 

 

 

 

Yoshua Tree National Park

 

 

 

 

 

 

 

Ania Fernández de Gamboa (27 años)

No es necesario irse fuera de España para descubrir y conocer lugares con encanto, como los pueblitos de Cantabria.

En junio mi pareja y yo decidimos irnos un fin de semana a Cantabria, concretamente a Comillas al Hostal “El Tejo” (muy recomendable por la comodidad del hostal y la facilidad de encontrar aparcamiento). El pueblo nos encantó, además tuvimos la suerte de llegar cuando se celebraba el festival de “folkomillas” con un ambiente medieval. Por lo que pudimos disfrutar de varios conciertos.

Imagen 1: Ambiente Folkomillas

Imagen 2: Festival

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El primer día decidimos bajar a los puestos del festival para comprar algún recuerdo, vimos el Palacio de Sobrellano y recorrimos las calles del pueblo y lugares como la fuente de los tres caños, el capricho de Gaudí, la plaza de la Constitución… Es un pueblo con mucha vida e historia, además la temperatura fue bastante buena.

Imagen 3: San Vicente de la Barquera

Imagen 4: Iglesia de Snt María de los Ángeles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El segundo día cogimos el coche y nos acercamos a San Vicente de la Barquera, un pueblo con una fuerte tradición pesquera. Otra vez el tiempo nos acompañó y pudimos acercarnos a la playa del Merón, una playa muy bonita, extensa y con las montañas al lado, además contaba con acceso para minusválidos. También vimos la iglesia de Santa María de los Ángeles y el puerto. A la tarde volvimos a Comillas y visitamos los lugares que nos faltaron: La universidad Pontífica de Comillas(la entrada es imponente), el Parque Güell y Martos, que es un jardín público con elementos arquitectónicos y el cementerio, que es de estilo gótico.

Imagen 5: Parque Güell y Martos

Imagen 6: Festival: Playa del Merón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El último día decidimos hacer una excursión a un sitio que nos recomendaron; la Cascada de el Bolao entre Toñanes y Cóbreces, es un poco difícil llegar y lo mejor es preguntar a los lugareños donde se encuentra. Las vistas son maravillosas y el sitio increíble.

Imagen 7: Cascada del Bolao

 

Imagen 8: Acantilado Cóbreces

 

Antes de volver para Vitoria hicimos una parada en Suances, un pueblo encantador y con una playa que lo es más aún. Como era de esperar estaba llena, pero estuvimos muy agusto.  Para llenar la tripa nos dirigimos en busca de un sitio donde comer y para nuestra suerte logramos localizar un lugar con un menú de día a 9 euros. La comida exquisita.

Esperamos poder volver a recorrer Cantabría, además es un sitio que recomendamos muchísimo!!

Unai Astorga 

Aunque muchas veces pase desapercibido, hay algo más allá de la Torre Eiffel o la Fontana di Trevi; hay una parte de Europa aún olvidada. Europa del Este todavía mantiene unos encantos que nada tienen que envidiar al resto de Europa. Por esta razón, mi novio y yo decidimos que este verano era hora de conocer esta zona.

Como siempre, no es que tuviésemos mucho dinero, por lo que tras buscar por Internet formas baratas de cumplir nuestro objetivo, dimos con la solución: Workaway. Workaway es una forma diferente de viajar en la que familias de todo el mundo te ofrecen alojamiento y comida a cambio de unas horas de ayuda en diversas tareas: cuidar niños, trabajar una granja, arreglar el jardín, hacer trabajos de bricolaje… ¡de todo! En nuestra opinión, esta es la mejor manera de conocer realmente un país, ya que puedes sumergirte en su cultura, practicar su lengua y tener contacto directo con su gente.

Una vez que decidimos que esta nueva experiencia era la que queríamos para nuestro verano, empezamos a mandar emails hasta que un hostel de Bucarest decidió darnos la oportunidad que buscábamos. Tras intercambiar un par de correos para asegurarnos bien de lo que querían y de cuánto trabajaríamos (cuatro horas al día y con días libres), compramos nuestros billetes de avión y ¡allá que nos fuimos para tres semanas!

Postales desde Bucarest

¿Cuál fue nuestra primera impresión de Bucarest? Una ciudad un poco caótica y algo sucia, donde reina la desigualdad debido a la crisis, pero excitante y bonita. Lo de caótica fue por el tráfico, ya que conducen como locos y el ámbar no existe, pero cuando te acostumbras te atreves a cruzar en rojo avenidas de seis carriles. Lo de sucia fue por las aceras llenas de charcos del agua del aire acondicionado, pero nada que no arreglase una ducha. Y lo de bonita… hay quien le llama “el pequeño París”, ¡y nosotros estamos totalmente de acuerdo! ¡Ah!, y además es barata, asique los viajeros con poco presupuesto no tenemos por qué preocuparnos: un viaje en metro por 50 cts., una cena típica rumana para dos no llega a 10 €, una pinta de cerveza por 1 €,…

Tuvimos mucha suerte con el hostel que nos hospedó. La manager era muy atenta (incluso nos llevaba algún pastel mientras trabajábamos) y había varios voluntarios más que nos hicieron sentir como en casa. El segundo día comenzó nuestro trabajo: servir cafés en la pequeña cafetería del hostel. ¡No habría forma mejor de conocer a otros viajeros o hacer planes con los voluntarios para ir de festival, probar comida típica o salir de fiesta!

A menudo se organizaban eventos. Por ejemplo, un día se hizo noche de productos típicos rumanos y allí estuvimos todos comiendo zacuscă y bebiendo pálinka. Además, cualquier noche es buena para salir en Bucarest, porque hay un ambiente increíble. La zona del centro es básicamente una discoteca al aire libre, plagada de terrazas y locales que te sirven tanto el desayuno, como la comida, la cena o la copa de las 4 de la mañana.

CreativeFest, un festival en Bucarest al que fuimos con algunos amigos.

Normalmente comíamos con los otros voluntarios y compartíamos tortilla de patata hecha por un holandés amante de España, guiso típico brasileño o lo que hubiese. Sin embargo, hubo algún plato típico que no pudimos irnos sin probar dos veces; como la ciorbă o sopa, la cual sirven dentro de un pan redondo vacío que funciona a modo de cuenco, o los mici. El postre por excelencia es el papanași. Una especie de rosquillas fritas rellenas de queso y generosamente cubiertas con mermelada de arándanos y azúcar glas. Como veis, una auténtica bomba… y de ahí la cara de sorpresa del camarero el día que decidimos merendar a las 7 de la tarde.

El papanași. Si estás a dieta, mejor aléjate.

 

 

 

 

 

Por las tardes nos dedicábamos a ver la ciudad. Si vais, es imprescindible que visitéis el parlamento, el segundo edificio más grande del mundo; y la Piața Unirii y sus alrededores; y que paseéis por el Parque Herăstrău y por el resto de parques de la ciudad, que tienen una vida increíble y están excelentemente cuidados.

Los días libres fuimos a otras ciudades de Rumanía. Los trenes son baratos y tienen buenas conexiones, aunque no vamos a decir que sean rápidos y modernos, porque mentiríamos. En ir a Timișoara a pasar unos días tardamos casi 9 horas en un tren abarrotado en el que hacía bastante frío, pero es el justo precio que hay que pagar (más los 13 € del billete) para poder visitar esta maravilla de ciudad. Además, siempre podremos contar la aventura y en el tren conocimos mucha gente e incluso hicimos de traductores para un señor al que le habían llegado al WhatsApp mensajes en español.  Otro fin de semana fuimos a Constanța, a orillas del mar Negro a disfrutar de unos días de playa y relax.

Cuando acabaron nuestras 3 semanas de Workaway, empezó nuestra ruta por Transilvania. Decidimos quedarnos en Brașov, una pequeña ciudad al pie del monte Tâmpa con aires de Hollywood pero en bonito. Os recomendaríamos muchos lugares que ver en Brașov, pero lo mejor es que simplemente callejeéis o hagáis uno de los tours gratuitos que salen cada día a las 18.00 desde la Piața Sfatului.

El colorido centro histórico de Timișoara

Sighișoara no se queda atrás tampoco en color…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista de la Piața Presei Libere desde el lago del Parque Herăstrău.

Cuando acabaron nuestras 3 semanas de Workaway, empezó nuestra ruta por Transilvania. Decidimos quedarnos en Brașov, una pequeña ciudad al pie del monte Tâmpa con aires de Hollywood pero en bonito. Os recomendaríamos muchos lugares que ver en Brașov, pero lo mejor es que simplemente callejeéis o hagáis uno de los tours gratuitos que salen cada día a las 18.00 desde la Piața Sfatului.

Brașov desde las alturas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde allí, fuimos un día a Sighișoara (visita obligatoria) y otro día cogimos un autobús hasta el Castillo de Bran o de «Drácula», en el que supuestamente vivió Blad el Empalador, rey rumano que inspiró el personaje de esta novela. Es cierto que sí que os chuparán un poco la sangre por entrar, ya que es caro para lo masificado que está, pero con el carnet de la universidad hacen descuento (al igual que en la mayoría de los museos rumanos, y eso que ya son baratos).

Por último, si podéis alquilar un coche, conducid desde Brașov hasta una de las carreteras más bonitas del mundo, Transfăgărășan, que transcurre serpenteando entre las laderas de los Cárpatos.

Una vez  de vuelta en casa, solo podemos decir que no podíamos haber elegido mejor. Este tipo de viajes, más auténticos, te enganchan. Si tenéis ganas de aprender y actitud, siempre encontraréis algo que aportar, y no será nada en comparación con todo lo que recibiréis a cambio.

Sofía Serrano (21 años)

Kaixo! El objetivo de este relato es compartir con vosotros y vosotras el bonito e interesante viaje que hice con mi familia a Senegal en el año 2013, es verdad que han pasado unos años, pero aun lo recuerdo con mucha alegría. Un viaje que me hizo ver las cosas de otra manera y conocer nuevas personas y lugares preciosos (Dakar, Zinguinchor y Cap Skirring).

La verdad es que la iniciativa de hacer este viaje partió de una amiga, su marido era de allí y había montado un pequeño albergue, era la excusa perfecta para que al final mis padres se animaran y así fue como con once y nueve años, mi hermana y yo pisamos por primera vez el continente africano.

No fue muy complicado preparar el viaje,  un billete de avión desde Madrid a Dakar y un barco de Dakar a Zinguinchor, barco que no pudimos coger debido al retraso con el que llegó el avión, por ello tuvimos que alquilar dos coches, pero este viaje en coche desde Dakar hasta Cap Skirring me  sirvió para ver el país de norte a sur y sobre todo para vivir una experiencia emocionante, catorce horas en un coche súper viejo, sin aire acondicionado, ni cinto de seguridad ni ninguna comodidad, por carreteras donde lo mismo aparecían  niños que vendían fruta, agua o cacahuetes, que un rebaño de ovejas que un camión que había perdido la carga.

La estancia durante el viaje a Senegal ya la teníamos asegurada en el albergue, y si algún día teníamos que dormir en otra ciudad nuestra amiga sabía donde podíamos hospedarnos.

Del mismo modo tampoco tuvimos ningún problema al movernos por el país para conocer distintas ciudades o lugares turísticos que había por la zona, ya que nuestra compañera estaba muy bien informada.

De todas formas leímos algunos libros y algunas guías turísticas.

Sí que fue un poco más rollo todos estos temas de la salud. Tuvimos que vacunarnos unas cuantas veces, pero era necesario.

En el tema de los transportes, nada más llegar tuvimos algún que otro percance, como he dicho antes,  pero dejando aparte eso era bastante sencillo moverse por allí, ya que había bastantes taxis disponibles en los pueblos y ciudades.

Pudimos visitar la isla de Gorée, una isla desde la que antiguamente embarcan a los esclavos para llevarlos a América, pudimos ver el lugar donde los retenían hasta que los embarcan, los metían en unas celdas muy pequeñas y algunas tenían una pequeña ventana desde la que se veía el mar.  Era duro pensar en aquellos pobres hombres y mujeres que tenían que sobrevivir tras esas rejas en unas desagradables celdas mientras que esperaban a que un barco llegase hasta allí para transportarlos a diferentes países donde iban a ser vendidos como esclavos.

En esta foto aparece lo que se llama “La puerta del No retorno”.

También estuvimos en una pequeña escuelita que había en la isla. Era muy distinta a las escuelas de aquí, no tenían ni la mitad de material ni recursos que nosotras, pero en cambio era fascinante ver cómo los niños iban alegres a la escuela. Llegué a la conclusión de que con pocas cosas también se puede ser feliz, esas imágenes me hicieron reflexionar.

Uno de los días fuimos a ver un museo en Boucott, un pueblo de la Cassamance, en aquel museo nos explicaron la tradición Diola, una tribu de allí, y fue muy interesante. Me llamo mucho la atención el hecho de que el museo estuviese dentro un bosque, donde había unos baobabs gigantes.

Otro día tuvimos la oportunidad de pasar con una familia de allí casi un día entero. Era una familia muy grande, con muchos niños, con ellos compartimos comida y juegos. A la hora de comer nos separaron a los adultos y a los niños y comimos en el suelo todos del mismo plato. Y ¿sabéis que me llamó mucho, mucho la atención? Que en Senegal, primero dan de comer a los niños y niñas, luego a las mujeres y finalmente sirven a los hombres. Fue una experiencia muy, muy agradable, ya que todos nos trataron muy amablemente.

 

 

 

 

 

 

 

 

También pudimos visitar varias casas hechas de barro, y por suerte una de las señoras que vivía en una de estas casas nos explicó el proceso de construcción.

Otro de aquellos días decidimos coger una pequeña barca, y en ella recorrimos cuatro islas, Urong, Karabane, Elinkine y Egueye. Fue un recorrido muy interesante, y recomiendo que en caso de que viajéis allí, lo hagáis. En una de las islas estuvimos viendo un sitio donde secaban pescado, y olía realmente mal. Era bastante curioso, y vimos todo tipo de peces allí expuestos.

Me gustaría añadir también, que pasamos algún día en Dakar, la capital de Senegal. Era una ciudad bastante grande, llena de transportes y de personas, incluso de animales sueltos. Había bastante diferencia entre Dakar y los pueblos en los que habíamos estado. Dakar estaba lleno de edificios altos, pero al mismo tiempo  se veían casas  pequeñas de barro bastante destruidas y entre los escombros se veían cabras y ovejas.

Tras haber conocido lugares tan bonitos en aquel país, les recomiendo (sin ninguna duda) que visiten Senegal, es un lugar que merece la pena, os animo a viajar hasta allí.

Os dejo aquí unas fotos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Askoa Uriarte (14 años)

Acostumbrados a oír hablar de grandes ciudades estadounidenses como New York, Boston, Los Ángeles o San Francisco, Chicago queda injustamente relegada a un segundo plano. Chicago es una joya escondida a orillas del lago Michigan, es una mezcla apasionante de arquitectura, cultura y diversión.

Hacía tiempo que estaba fascinada por esta ciudad, así que decidimos que no había mejor forma de cerrar mi estancia en Estados Unidos que pasando los últimos días de vacaciones en esta sorprendente ciudad.

Un poco de historia y contexto

El curioso origen del nombre de esta ciudad viene de los indios Potawatomis, que la bautizaron como “She-caw-gu”, que literalmente significa “cebolla salvaje”, una planta que crecía en abundancia por la zona y que se caracterizaba por un marcado mal olor. Afortunadamente hoy no queda ni rastro de ese olor en la ciudad; es más, en un reportaje que vimos sobre la ciudad, explicaban que el alcalde de Chicago era un fanático de las flores y que se gastaba millonadas con el fin de tener los numerosos parques y jardines de Chicago  siempre en perfecto estado.

Chicago con una población de casi tres millones de habitantes, es la tercera ciudad más grande de los Estados Unidos y ocupa 591 kilómetros cuadrados en el medio oeste de Estados Unidos. Situada en el extremo suroeste del vasto lago Michigan, la ciudad ha tomado 47 kilómetros de su orilla. Lo primero que hay que hacer al aterrizar en la “Windy City”, como la conocen sus paisanos, es observar con mucha atención los edificios de la ciudad, ya que la arquitectura es uno de sus principales reclamos. Chicago es una ciudad que presume de su arquitectura, y lo hace con motivo. Después de un devastador incendio en 1871, hubo que reconstruir la ciudad, y algunos de los arquitectos más famosos del mundo tuvieron la misión de hacerla resurgir de sus cenizas. Así que Chicago se ha convertido en una galería arquitectónica abierta que hace la boca agua a los amantes de la arquitectura moderna.

Preparativos previos

1.    Para entrar en los Estados Unidos es obligatorio solicitar el permiso ESTA. Este documento substituye al visado durante las estancias cortas y permite estar durante tres meses dentro de los EEUU. Hay que solicitarlo unos días antes del viaje y pagar 13$ (11-12€ con el cambio actual). A continuación, habrá que imprimirlo y llevarlo en la mano cuando pasemos los controles del aeropuerto.

2.    Como todos sabéis, la moneda oficial de los EEUU es el dólar. Actualmente el dólar está muy bajo (1,115/1) y hace que nuestras compras ya no sean tan ventajosas. Respecto el bajo cambio no podemos hacer nada, pero lo que sí está en nuestra mano es informarnos de las comisiones que cobra nuestro banco a la hora de sacar dinero o pagar con tarjeta en la ciudad de destino. Cada banco tiene sus criterios y es importante tenerlo en cuenta para no llevarnos sorpresas. Aunque en Chicago (y en todo EEUU) están acostumbrados a pagar hasta el periódico con tarjeta de crédito, es recomendable llevar algo de dinero en efectivo por si por ejemplo se nos antoja comprar un típico perrito caliente en un puesto de venta ambulante. Es importante llevar el dinero ya cambiado ya que si no, se pagarán comisiones astronómicas.

3.    Normalmente se suele decir que en Chicago solo existen dos estaciones: invierno y verano. Por ello, nuestra recomendación es visitarla de mayo a octubre, ya que fuera de esas fechas las temperaturas bajan a unos valores que hacen imposible disfrutar de la ciudad. Además, durante los meses estivos se organizan un montón de actividades gratuitas al aire libre en las playas y parques de Chicago y hay que aprovecharlo.

4.    Chicago Greeter es un servicio ofrecido por voluntarios residentes de Chicago y está patrocinado por la Oficina de Turismo. El servicio se tiene que solicitar con un mínimo de diez días de antelación, y una vez hecha la petición, te asignarán una persona que hable tu idioma para que te acompañe durante cuatro horas el día y para que te enseñe todos los entresijos de la ciudad. Todos los tours tienen como punto de partida el Chicago Cultural Center, un edificio precioso diseñado por Tifanny & Co. Y que fue la antigua biblioteca municipal. Nosotros por desgracias nos enteramos tarde de la existencia de este servicio, así que si vuestro destino es Chicago, ¡contactad con Chicago Greeter lo antes posible! Sin embargo, nos propusieron el servicio complementario que tienen para la gente que no ha sido previsora. Cada día hay varias visitas de una hora totalmente gratuitas y en inglés. Nosotros pudimos hacer dos rutas y en ambos casos las guías fueron  muy amables y nos contaron un montón de cosas interesantes que no vienen en las guías turísticas. ¡Recomendable 100%! Como anécdota, al acabar la primera visita guiada, quisimos dar algo de propina a la guía, ya que es bien sabido que en los EEUU hay que dar propina casi siempre y además estábamos muy contentos con el trato que nos había ofrecido. Sin embargo, nos la rechazó diciendo que ella era una voluntaria y que lo hacía por placer.

Llegar a Chicago y moverse por allí

El principal aeropuerto de Chicago se llama Aeropuerto Internacional de Chicago-O’Hare  y está conectado con un vuelo directo diario con Madrid. El aeropuerto está muy bien conectado con Chicago mediante la linea BlueLine del metro y en media hora te presentas en el centro de Chicago. Cada billete de metro cuesta 2,25$ pero nosotros optamos por coger el bono de 72 horas por 20$ para estar tranquilos y poder hacer todos los viajes y transbordos que quisiésemos sin problemas, tanto en autobús como en metro. El transporte público de la ciudad funciona bastante bien y hay servicios durante las 24 horas del día.

Alojamiento

Una vez que tuvimos decido que íbamos a ir a Chicago, nos pusimos a buscar hoteles por las zonas céntricas. Al principio nos asustamos un poco porque todos los precios superaban los 150€ por noche y esa cantidad se nos salía del presupuesto. Al final decidimos utilizar Airbnb y alquilar una habitación para tres noches por 149€. La habitación estaba genial y aunque estaba algo alejada, estaba muy bien comunicada  con el centro, y en 20 minutos nos presentábamos en el meollo de la ciudad. Por lo tanto, nuestro consejo para presupuestos limitados es buscar un alojamiento que aunque no  esté en una zona céntrica, este cerca de una boca de metro.

Gastronomía

Dejando a un lado las omnipresentes hamburguesas y los maxi cafés del Starbucks, en Chicago hay tres platos que hay que degustar sí o sí.

La pizza de Chicago es seguro uno de los platos más emblemáticos de la ciudad y referente en todo Estados Unidos. Esta pizza, a diferencia de la típica pizza italiana, se cocina en una sartén y se le ponen todos los ingredientes que se quiera, siempre acompañados de mucho tomate y mucho queso. Nosotros la probamos en la archiconocida Pizzería Uno después de esperar más de una hora en la cola. Según dicen el dueño de esta pizzería fue que la inventó en 1943 y siempre está a rebosar.

Otro fast food imprescindible a degustar en una visita a Chicago es su peculiar hot-dog. A diferencia del hot-dog americano, la carne de este es de ternera, y se condimenta con muchísima mostaza, cebolla picada, pimiento verde, etc. Después de ver que varias guías y blogs coincidían en recomendar el restaurante Portillo’s para probarlo, fuimos allí  y ¡vimos que no se equivocaban en la recomendación! El local es muy original y la comida buena y a un precio aceptable.

Por último, las palomitas mezcladas con caramelo y queso cheddar son enormemente conocidas en todo Chicago. A priori puede parecer una combinación un poco 


extraña, pero son realmente curiosas de probar. Las clásicas palomitas son las de la cadena Garrett, famosas en Chicago desde 1949. Aunque hay más de diez tiendas distribuidas por toda la ciudad, siempre había que esperar una larga cola para tener en las manos este vicio.

Imprescindibles en Chicago

Recorrer el emblemático parque de Millenium Park. A pesar de ser un parque del siglo 21, se ha convertido en símbolo de Chicago. Justo aquí se reúnen varias obras de arte y arquitectura destacadas. La obra más notable es el Pabellón de conciertos Jay Pritzer,  diseñado por el famoso arquitecto Frank Ghery y con un cierto parecido al Guggenheim de Bilbao. Esta habilitado para recibir hasta a siete mil personas y durante el verano cada día se organizan conciertos gratuitos. El punto más concurrido y fotografiado del parque es la espectacular escultura de Anish Kapoor llamada The Cloud Gate o “The bean” (la alubia), como la conocen en Chicago por razones obvias. En este parque también está la fuente Crown Fountain y el jardín Lurie, todo reunido en un solo lugar.

Visitar el teatro de Chicago. Si se ha visto la película de nombre Chicago, película ganadora de los premios Oscar en 2002, la visita a este lugar es obligatoria. Fue uno de los escenarios en los que Catherine Zeta-Jones  y Renée Zellweger pasearon sus curvas durante la filmación. Este edificio de siete pisos de altura y que ocupa casi la mitad de una manzana fue construido en 1921 y a casi un centenario de su inauguración mantiene la misma magia. ¡Impresionante!

Dar un paseo por el Riverwalk. El Chicago Riverwalk es una línea peatonal situada en la orilla del río que desemboca en el Michigan Lake. Está repleto de espacios verdes exuberantes, cafeterías, espacios comerciales y es por lo general un lugar donde las familias deciden tomarse un tiempo de relax antes de continuar con su jornada del día. Es un lugar que convine a la perfección con el paisaje urbano del Downtown.

 Visitar el jardín botánico de Chicago. En el se encuentran mas de 2,2 millones de plantas extrañas. Lo mejor de todo: ¡la entrada es gratuita!

 Visitar los museos de Chicago. El museo de ciencias, el museo de arte y el planetario Adler son muy conocidos e importantes. Sin embargo la entrada es bastante cara, por lo que hay que estar seguro de querer entrar.  Desde las afuera del planetario se observan las mejores vistas del skyline del Chicago, ¡visita obligada!

 Entrar al Shedd Aquarium. Este acuario fue durante un tiempo el acuario cubierto más grande del mundo con cinco millones de galones estadounidenses de agua. Es también el primer acuario con una permanente colección de peces de agua salada. Es tan impresionante que cada año recibe alrededor de 2 millones de visitantes, lo que lo ha avalado por varios años como la atracción cultural más popular de la ciudad.

 Dar un paseo por el Navy Pier. El Navy Pier fue durante mucho tiempo uno de los muelles mas grandes del mundo. Sin embargo, hoy en día es una bonita zona de ocio pensada para el disfrute y de donde salen los paseos en barco por el lago.

Recorrer la Magnificents Mile. La Magnificents Mile es una de las principales calle de Chicago de una milla de largo (1,6 km) repleta de todo tipo de comercios y tiendas. Será la perdición de los amantes de las compras.

Subir a un rascacielos para alucinar con las vistas. Subir a uno de los dos principales rascacielos de la ciudad es algo imperdible. Subir tanto a las Willis Towers como al edificio Hancock cuesta alrededor de 20€. Sin embargo, el Hancock Center dispone de un bar/terraza en el penúltimo piso del que se pueden disfrutar igual igual de las impresionantes vistas e invertir los 20€ en una buena cerveza. Mi recomendación es la de ir algo antes del atardecer para poder ver la ciudad de día y de noche, id con tiempo porque suele haber cola. Ah! Las chicas no os olvidéis de pasar por el baño, ¡desde allí se tienen las mejores vistas!

 Recorrer la ciudad por el agua. Hay muchas compañías que se dedican a recorrer el río en tour arquitectónicos explicando uno a uno los edificios de la ciudad por unos 25-30€. Nosotros no estábamos muy interesados en conocer la historia de cada edificio, por lo que optamos por dar un paseo en water taxi por 4$, ¡una buena alternativa!

 Acercarse a Lincoln Park. En este parque se pueden alquilar bicicletas y dar una vuelta por las orillas del río. Ademas, en él se encuentra el zoológico de Chicago que también es gratis y ofrece unas espectaculares vistas de los rascacielos de la ciudad.

 Darse un baño en las playas de Chicago. Aunque parezca mentira Chicago cuenta con varias playas alrededor del lago Michigan, que hacen que las altas temperaturas del verano sean mas llevaderas. El lago es tan inmenso y la arena e instalaciones tan parecidas a las de una playa, que hasta que no notas que el agua es dulce, se te olvida que no estás en el mar.

Seguro que dejo muchas cosas por hacer en Chicago, pero creo que son motivos mas que suficientes para ir a visitar esta maravillosa ciudad.

 

Nerea Gutiérrez (24 años)

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