bannerviajerofinla

Wanderlust

Todo empezó el día en el que hablaba con mi prima y mi aita sobre viajes. Nunca me había replanteado hacer esto, pero al final me decidí y lo hice.

Me apunté a un Grado Superior sobre Turismo. Al aita le encanta viajar y eso ha hecho que a mi me entrara la curiosidad para ello.

Faro de Youghal

Nos hemos ido a Londres, París, Andalucía y Galicia me las conozco casi como la palma de mi mano, al igual que Asturias, el Principado Emblemático, que le llamo yo.

Los aitas hacían 25 años casados y su viaje soñado era ir a Moscú, y a mí, como desde txiki me gustaba preparar todo y mirar cosas por Internet, les empujé para que hicieran el viaje.

Bueno, dejando un poco mi vida al lado, al lío.

Empecé a estudiar Agencias de Viaje y Gestión de Eventos, en Burlada, Iruña. En ese grado conocí a gente maravillosa y a profesoras encantadoras. El grado era bonito, estudiando geografía, destinos del mundo, haciendo role playing, de azafatas en las fiestas del instituto, hasta realizamos un trivial turístico con todas las cosas que habíamos aprendido.

Pero a todo esto, había que sumarle algo negativo… ¡Olatz era horrorosa con los idiomas!

De siempre había odiado el inglés, no lo soportaba, de hecho, en el instituto cada vez que teníamos inglés hacía piras… En cambio ¡me encantaba el francés! Me encantaba como sonaba, tan exótico, tan dulce… Sí, ahora hablo en pasado, porque…. ¡ODIO EL FRANCÉS! Todo fue empezar a estudiarlo…

En fin, cuando acabe primer curso, los aitas y mi prima me dijeron que el inglés era muy importante hoy en día, y me dijeron para ir a al extranjero a estudiarlo durante dos meses… mi cara fue espantosa…pasaba de ello, no quería saber nada del ingles, ni siquiera sabía mantener una conversación y en ese momento no me veía capaz para irme fuera durante dos meses a aprender aquel idioma que tanto odiaba.

Total, los aitas me comieron la cabeza…y me fui, me aventuré a coger un vuelo de Santander a Dublín.

Lo que siempre había tenido claro, es que si me aventuraba a hacer algo así, el destino sería Irlanda. ¿Por qué? Ni idea… supongo que será porque cuando pienso en Irlanda, me vienen a la cabeza largos prados verdes, todo verde y ciudades y pueblos encantadores, con sus castillos, sus banderas en los pubs… Y así fue.

Era la primera vez que cogía un avión sola… ¡¡¡SOLA ANTE EL PELIGRO!!!!!!!!

Y nada, embarqué en aquel avión de low cost, sola, acojonada… Pensando en que no llegaría a Dublín por viajar en avión… Me senté en aquellos asientos que no hay sitio ni para respirar de lo pequeños que son, respiré y despegamos.

Para colmo, todo el mundo hablaba en inglés, la azafata me vino y me preguntó algo, y yo, hacía oídos sordos.

Llegué a Dublín, y media hora más tarde de aterrizar tenía que coger un autobús a Waterford. Era la primera vez que estaba en ese aeropuerto, y según instrucciones que me dieron… (así lo entendí yo) el autobús que tenía que coger estaba justo en frente, total que yo me recorrí todo el aeropuerto buscándolo, hasta que lo vi, con un cartel enorme que ponía: WATERFORD- PORT LAIRGE (en Irish). Y allí que me fui.

Me temblaba todo el cuerpo, estaba nerviosa y en ese momento creo, que si hubiera habido un avión de vuelta, me hubiera vuelto.

Total, que por si quedaba alguna duda de que ese era el autobús que tenía que coger, le pregunte al chofer:

– Excuse me, this bus to Waterford? – Sin pelos en la lengua, tal cual suena y con mi súper nivel de inglés-

Y me contesta el chofer:

– Yes, is going to Wotrford- tal cual lo lees me lo dijo.

En ese momento pensé – Olatz, la has liado, este autobús no va a Waterford- entonces le volví a preguntar, pero esta vez a una señora que tenía al lado.

El chofer se empezó a reír al ver que estaba confundida y asustada. Me vino, me cogió la maleta, me dio un abrazo y me invito a sentarme con él en el banco y a un cigarro antes de partir para el pueblo.

En aquel momento sentí como si estuviera en mi casa, aquel chofer, sin conocerme de nada, me vio asustada y me abrazó. Me ayudó a tranquilizarme y como una niña pequeña empecé a llorar. Tenía 22 años, y parecía que tuviera 14.

En ese momento lo sentí así. ¿Sabes lo que es ir a un país que no conoces de nada, sola, y que el idioma en el que hablan no lo dominas? La primera sensación que tienes es el de estar loca, luego te entra el miedo.

Pero gracias a ese buen irlandés, me sentí bien y partimos hacía el pueblo. Pensé que sería acto de un buen hombre, que estaba acostumbrado a ver a gente tonta llorando en la parada del autobús, y me ayudó.

Cosa que después, con el paso del tiempo, me di cuenta de que no era así, los irlandeses son así.

Ya llegue a aquel pueblo, llamado Waterford. Bajé del autobús y ahí no había nadie esperando. – ¡Estupendo!, al final me he confundido de pueblo- pensé.

Me encendí un cigarro y le di las gracias al chofer, que se quedó conmigo esperando a que alguien viniera a buscarme, a todo esto, no hablábamos nada, bueno, yo no hablaba, él si.

Entonces vi a una mujer acercándose al autobús y pensé: – Es ella, es Trish- Y si, era ella.

Cuando me vio me sonrió y me abrazó, me dio la bienvenida y me monté en su coche. Eran las 18:30 más o menos, y yo había comido un bocata de tortilla de patata en el autobús.

Chris, Amaia y yo

Claro, yo no sabía en aquel momento a que hora se cenaba en Irlanda. Llegamos a casa y estaba la cena encima de la mesa… uff…que duro fue aquello… cenando a las 19:00 teniendo en cuenta que me había comido un bocata de estos que te prepara la ama para que no pases hambre durante todo el viaje, (que mas que para el viaje pienso que es para una semana… )

Bueno ya estaba allí, en la que sería mi casa durante dos meses, intentando comunicarme con Trish, a lo indio, porque para más no daba mi inglés.

Poco a poco fui soltándome con el idioma y al final me di cuenta de que sabía más de lo que creía.

Trish me enseñó todos los rincones que hay alrededor de este maravilloso pueblo y de esta maravillosa gente. No es mentira eso de que los irlandeses si te ven perdida te ayudan a situarte o incluso te guían o te llevan a donde quieras ir, porque es así. Ellos han sufrido mucho durante su historia y se nota en lo amables que llegan a ser, incluso a veces, pesados.

Mi inglés iba a mejor, entendía cuando me hablaban y ellos me entendían cuando yo hablaba. Estaba encantada, tanto con el idioma como con la familia, aunque a veces me hubiera gustado estar bajo tierra.

Trish tiene dos hijos, Chris de 25 y Cjay de 19.

Chris es un niño en un cuerpo de 25 años, es genial, amable, gracioso…lo sentí mi hermano el mismo día que lo conocí. En cambio Cjay, no quería saber nada de mí, me odiaba, no me hablaba, cada vez que Trish tenía que irse a trabajar, Cjay se quedaba conmigo en casa y se metía en su habitación.

Poco a poco, al ver que su madre y su hermano me querían y ver que era una más de la familia, se fue abriendo hacia mí, y estrechamos la relación.

Un día vino Amaia, una amiga de una de la koadrilla de mis aitas, que esta chica fue la que me puso en contacto con la familia.

Amaia había estado el año anterior durante tres meses aprendiendo inglés en esa misma casa, con lo que ya era una más de la familia.

Aprovechamos para ir a visitar sitios de Irlanda, y alquilamos un coche, ya que para visitar Irlanda, la mejor opción es la de alquilar un coche.

Entre las dos, una mañana fuimos al concesionario, con ayuda de Trish, esta claro, porque igual nos timaban, alquilamos un coche para el día siguiente, ya que queríamos ir a Cork, la segunda ciudad de Irlanda.

Al día siguiente nos fuimos a Cork, era la primera vez que Amaia cogía un coche allí, teniendo en cuenta que se conduce al revés. Íbamos muy bien y no paso nada, llegamos sanas y salvas a Cork.

Una ciudad muy capital, no me gustó mucho, me esperaba muchísimo más de esta ciudad, mas rasgos vikingos, y me encontré con una ciudad muy industrializada. Pasamos el día allí y nos volvimos.

Al día siguiente teníamos otra excursión, la excursión soñada siempre, ir a Los Acantilados de Moher. Nos esperaba un día largo porque teníamos 3 horas y media en coche hasta llegar allí. Pero al final llegamos. Mereció la pena estar tanto tiempo en el coche para ver algo que me dejó sin palabras. Mucha altura, miedo, feliz… se me mezclaba todo a la vez.

Una vez visto los espectaculares acantilados, nos volvimos, hasta entonces todo iba bien, perfecto. Pero está claro que todo no podía ser de color de rosa.

La carretera para ir a los acantilados, al igual que la mayoría de carreteras en Irlanda, no están en buen estado. Había una cola enorme para salir de allí, y entre eso y que al final, Amaia se iba mucho para el lado derecho (acostumbrada a conducir aquí), nos “comimos” una piedra y la rueda del coche pinchó.

Un jaleo enorme… en ese momento no sabíamos que hacer, más vale que un hombre paró el coche y llamó a nuestro concesionario y habló con la mujer.

Tuvimos que cambiar la rueda del coche, y poner la de repuesto.

Al llegar al primer pueblo pararíamos para tranquilizarnos un rato. Eso fue lo que hicimos, al final nos reíamos de lo que había pasado.

Con la rueda de repuesto podíamos ir máximo a 80 Km. /h…con lo que si la ida nos costó 3h y media…la vuelta 5 horas…

Al final llegamos a Waterford y al día siguiente tuvimos que ir al concesionario, que nos cobró un riñón por la rueda y la llanta, que decía que estaba dañada (y no era así) pero, a callar y a pagar.

Después de esta anécdota de viaje, que a día de hoy nos reímos, Amaia se volvió a Iruña y yo me quedé ahí un mes más.

La estancia en Irlanda fue inmejorable, al final no quería volver a casa, había pasado de odiar a un idioma a no querer parar de hablar en inglés.

La familia Irlandesa, mas los vecinos 😉

Ésta ha sido mi primera experiencia en Irlanda, pero no la única. Esas mismas navidades fui con Amaia en Nochevieja a Waterford, a celebrarlo con la FAMILIA irlandesa. Mientras que estaba allí, Trish me ofreció un sitio para que pudiera hacer las practicas del grado superior allí, con lo que, cuando volví a Iruña no dudé en ponerme en contacto con mi tutora para saber si podría ser posible.

Todo salió bien y me fui a Irlanda por 6 meses ha hacer las practicas en un hotel. Al principio de las prácticas estaba amargada porque el jefe me tenía escondida en la cocina para que nadie pudiera relacionarse conmigo, hasta que llegó su hermana al hotel y no me separé de ella en los 3 meses de prácticas.

Tuve mis altibajos, como es normal, que te replanteas que hacer, si trabajar allí o volver por que no encuentras tu sitio.

Al final me quedé allí otros 3 meses más trabajando en el hotel. Luego volví a Iruña, para una semana más tarde venirme a Gasteiz a hacer otro Grado Superior de Turismo.

Lo mejor de estas experiencias, porque han sido mas de una y de dos, ha sido la relación que tengo con la familia, porque no es una familia cualquiera, es MI familia irlandesa. Acogieron a mis amigas en Nochevieja de este año, acogieron a mis aitas cuando vinieron a visitarme, aparte de ello, Cjay se vino el año pasado conmigo de vacaciones por una semana a Iruña, en San Fermines, por todas estas cosas son por las que tanto me fascina Irlanda, porque por gente como mi familia y compañeros de hotel, la estancia ha sido satisfactoria.

Después de estos dos años locos, he terminado otro grado superior, relacionado con lo mío, y me dispongo a irme de nuevo a Irlanda, esta vez de Au pair… a vivir una nueva y diferente etapa y experiencia en mi vida.

La siguiente noticia que tendréis sobre mí, será desde Irlanda, contando mi nueva experiencia como Au pair.

Todo esto no habría sido posible sin mis aitas, que fueron los que me animaron a vivir esta experiencia, y que a día de hoy, a veces, se arrepienten, porque cada vez que puedo, marcho para tierras irlandesas.

Failté Ireland.

Olatz Lautre– Wanderlust.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URL

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *