bannerviajerofinla

600km de aventura improvisada. Bulgaria y Macedonia

Ahí estaba yo, comiendo helado en la furgoneta de aquel ¿hippie? En realidad era un tío con el pelo lleno de rastas que me había recogido en una gasolinera, porque decía que se le había estropeado la radio de su furgoneta que era como la del Equipo A, pero pintada con colores verde, amarillo y rojo y bastante más destartalada. Decía que tenía que conducir todo el día, y que sin radio el viaje se le iba a hacer eterno, la verdad es que si no hubiese llevado 1 hora esperando a 40ºC al sol en aquella estación de servicio a las afueras Burgas, me habría pensado dos veces lo de subirme a aquella furgoneta.

Yo venía de las “vacaciones” de mi viaje, llevaba trotando por los Balcanes unas 3-4 semanas y había parado en Burgas, en una ciudad del Mar Negro en Bulgaria a descansar unos días. Me despedí para siempre de mi amigo Chris (con el que había estado 8 días de viaje) y había salido a la carretera a hacer autoestop, ahora quería ir a las montañas, a Plovdiv y alrededores.

Me bajé de la furgoneta en Plovdiv y el curioso tipo siguió su camino con su furgoneta. Llegué al albergue, ducha, lavar ropa, vuelta por la ciudad y al volver me senté en una mesa con los otros huéspedes. 5 minutos después tenía plan para el día siguiente, un chico de Finlandia, estaba por allí porque le gustaba buscar bases militares abandonadas y había visto algo que podía ser una desde Google Earth al sur de Plovdiv en una montaña, así que allí que nos íbamos juntos.

Madrugar, desayunar, y cogimos un autobús a las afueras. 15 minutos y un amable señor nos recogió de la carretera. Le dijimos al hombre que queríamos ir a Sitovo. Bueno, pues el señor en cuestión pasó de todo, paramos en un tienda y nos compró pan, fuimos a ver la casa que se estaba construyendo y a pasear a su perro, nos llevo a un desfiladero oculto con unas vistas alucinantes (uno de esos Sitios que sólo la gente de pueblo mayor conoce) y por último nos llevó a su casa del pueblo, nos presentó a su mujer y nos hizo una invitación a comer con su familia. Aceptamos una cerveza y rechazamos amablemente la invitación a comer, así que nos acercó a un cruce cerca de Sitovo, pero nos dijo que no sería nada fácil encontrar vehículos ahí. Fue marcharse él, y apareció un monovolumen con un padre y sus dos hijos, ¡de Nueva York! Iban a Sitovo. Era un pueblo enano, que era difícil encontrarlo hasta en Google, de ahí nuestra cara de incredulidad. Ese día no conseguimos llegar a la base, se nos hizo muy tarde e iba a ser complicado volver desde aquel pueblo, porque no pasó ni un coche en horas. Así que nos enganchamos al primer camión que pasó y fuimos de vuelta a Plovdiv.

En el albergue, charlando en la cena, comenté a ver en qué dirección tenía que salir con el cartelito de Sofia para hacer dedo, y unos americanos que iban allí al día siguiente en coche se ofrecieron a llevarme. Pero antes de salir de camino a Sofia íbamos a pasar por el Museo de la Aviación de Plovdiv.

Salir del museo, dirección Sofia.

Ya estaba cenando en Sofia y me llega en mensaje al móvil. ¡Chris! “Salí a la carretera, y después de dos horas no me recogió nadie, así que he cogido un autobús y acabo de llegar a Sofia, ¿dónde estás?” recogí todo y salí a buscarle, Chris era mi amigo de Texas con el que había estado los últimos días en Rumanía y los días de la playa en Bulgaria, era profesor de inglés en Kiev. Salimos a tomar algo y después cada uno se fue a su albergue.

Al día siguiente dimos vueltas por Sofia toda la mañana, y ya habíamos hecho otra vez cada uno los planes por separado, él se iba poco a poco hasta Albania, y mi plan era llegar en dos días a Belgrado, un grupo de música de Vitoria tocaba allí, y mi intención era aparecer en el concierto.

En albergue conocí un grupillo de gente y salí con ellos a cenar, llamé a Chris para que viniera y despedirnos ya del todo. Total que se lió la noche y volvimos bastante tarde, una de las chicas tenía su autobús a Skoje a la mañana, a eso de las 7. Pues a las 8 cuando me desperté yo, ella seguía dormida en su cama. Desayuné tranquilamente, metí todo en la mochila y cuando ya me iba, se despertó. –¡Te has dormido! Le dije. Ella quería llegar a Bosnia y tampoco tenía demasiado tiempo, así que como yo tenía más días, le propuse acompañarla hasta Skopje haciendo autoestop, y luego ya me buscaría la vida para llegar a Belgrado en 1 día.

Salimos muy tarde para hacer autoestop, cartelito con Skopje. – Hay una cosa que pasa en pocos sitios del mundo, bueno, pues Bulgaria es uno de ellos, y es que los gestos de asentir y disentir con la cabeza, son al revés, lo cual es muy desconcertante, porque igual que cuando aquí hablas con una persona, ella asiente diciendo aham, claro, sí sí, etc.. allí lo hacen girando la cabeza de un lado a otro.- Nos recogió un camionero y si al tema de idiomas le sumas esa curiosa manera de afirmar y negar con la cabeza, pues al final acabamos más cerca de Grecia que de Macedonia. De ahí nos recogió un hombre que nos invitó a café en la gasolinera más cercana y nos explicó cómo llegar a la frontera con Macedonia desde allí. Y de la gasolinera el amable señor que nos pidió sacarnos una foto con él al llegar a Kyustendil.

Ya casi cerca de la frontera una pareja anciana nos recogió y nos dejó justo antes de cruzar a Macedonia, cruzamos andando la frontera y tratamos de coger otro coche que nos llevase a Skopje. Cuando un chico joven, bien vestido y con un sorprendente buen nivel de inglés se nos acercó.

     -Hola, veo que vais a Skopje, mi amigo viene a buscarme en 25-30 minutos, os podemos acercar hasta allí si queréis.

                 -Oh! Genial!- dijimos nosotros.

Pero necesito sacar una foto a vuestros pasaportes, al fin y al cabo no sé quiénes sois y no tengo por qué fiarme de vosotros.- nos dijo.

No nos gusto un pelo su propuesta, así que le dijimos que no, que seguiríamos buscando otro coche, a lo que nos contestó que lo íbamos a tener muy difícil, y que se iba a tomar un café y en 25 minutos volvía a ver si habíamos cambiado de opinión. Tuvimos suerte y a los 5 minutos nos paró un coche, ¡genial! Nos pareció muy extraño, aquel tipo anterior: muy bien vestido, decía venir de trabajar en Londres, en la frontera, ofreciéndose a llevarnos, pero pidiendo una foto de nuestros pasaportes…

Fuimos hasta Kumanovo en este último coche y cogimos un autobús de allí a Skopje, pasábamos de complicarnos más, eran casi las 8 de la tarde.

Conseguimos llegar a Skopje, y nos pegamos una merecida cena.

 

Yo estuve de viaje dos o tres semanas más, así que si os animáis a hacer un viaje del estilo, mi consejo es que vayáis ligeros, la mochila conviene no solo que quepa en un avión como equipaje de mano, sino que al hacer autoestop, pueda caber siempre con vosotros, no hay por qué desconfiar de la gente, pero siempre hay que contar con ese factor.

Desde mi experiencia, puede hacer dedo una persona sola sin problemas, pero es mucho más divertido con un o una compi de carreta, hay veces que se vuelve frustrante, y con alguien más siempre hay risas y el tiempo pasa más rápido.

Si os gusta dormir en albergues, esos países no son caros ni excesivamente turísticos, así que es sencillo encontrar plaza en albergues incluso el mismo día a muy buen precio, a mí me gusta improvisar y nunca sé dónde voy a dormir al día siguiente.

Un Smartphone siempre viene bien (reservar albergues, Couchsurfing…), aunque no tengas Internet, es sencillo encontrar WiFis y el GPS viene de perlas muchas veces.

Sed siempre amables con la gente que os recoge, recordad que no es la obligación de nadie recoger a gente de la carretera, así que una invitación a tomar algo o un detalle siempre viene bien como gesto de agradecimiento.

hitchwiki.org <- web muy recomendada para autoestopistas: consejos, lugares adecuados en cada ciudad, etc.

Último amanecer en el Mar Negro

Sitovo

Con los americanos de camino a Sofia, era un coche escocés.

Con Chris en Sofia

En un camión bulgaro, intentando llegar a Skoje

De camino a Skoje con el simpático señor que se quiso sacar una foto con nosotros

Skopje

David Boo (24 años)

Lo más profundo de Euskadi

Un día para conocer un pedazo de nuestra historia y los lazos que unen a Venezuela con el País Vasco. Ya desde hace unos años había escuchado que en lo más profundo de Euskadi se encuentra un pueblo llamado Bolibar donde vivieron los antepasados de mi libertador Simón Bolívar. Un pequeño pueblo donde las tradiciones vascas están muy entrelazadas con las tradiciones venezolanas, un valle donde se puede respirar paz, armonía y contacto con la naturaleza.

Un camino de 3 horas saliendo desde Vitoria-Gasteiz nos acercaba a nuestro destino, para poder conocer este pueblo y la forma de cómo nuestros antepasados salieron a través de Lekeitio hacia nuevas tierras llenas de riquezas naturales y culturales, enlazando de esta forma nuestras culturas a través del tiempo.

Conocimos el Museo de Bolívar construido para reflejar la vida y obra de nuestro libertador y de toda su familia. Allí podrán observar todas las monedas venezolanas de la historia, cómo se constituyó la gran Colombia, armas y sables de la época.

Es un viaje muy enriquecedor, donde podrás comer en el jantoki comida fresca, luego seguir el camino y llegarás a la costa de Lekeitio donde verás el muelle y la playa para refrescar tu camino antes de regresar a Vitoria-Gasteiz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Warling Castro (30 años)

Lisboa, Cascais eta Sintra ezagutzen

Azterketak amaitu, maletak egin eta bidai berri bati hasiera eman genion. Tren-litera batean egin genuen, gauez, eta nola ez, betilez, presaka ibili ginen. Maletarekin korrika ibili ginen errepide luze horretatik jendea guri begira… baina azkenean heldu ginen. Primeran egin genuen bidaia, merkea eta oso erosoa, guztiz gomendagarria. Goiz heldu ginen Lisboara, goizeko seiretan, apartamentura eguerdiko 12ak arte ezin ginenez sartu, oinez joan ginen haraino. Bidean gosaldu genuen, oso merke gainera, kafeak 0.50€ balio du han. Apartamentura sartzeko ordua heldu zitzaigun, Airbnb webgunetik alokatu genuen logela bat Plaza del Rossio alboan, nahiko handia eta polita zena. Dutxa hartu genuen, arropak aldatu eta Lisboa ezagutzeko gogoarekin irten ginen. EXPO ospatu zen zona-aldera joan ginen(Parque de las Naciones), baina ez zitzaigun asko gustatu, beraz ez genuke gomendatuko. Arratsalde partean, Chiado ezagutu genuen eta gauean Barrio Altotik zeozer hartu genuen, bertan taberna asko daude eta parranda itzela, baina gu goiz bueltatu ginen hurrengo eguna aprobetxatzeko asmoz.

Bigarren egunean gauza asko bisitatu genituen, hala nola San Jorge-ko gaztelua eta Lisboako Katedrala. Kontuan hartzeko gauza gazte txartela edo ikasle-txartela da, leku guztietan deskontua egiten baitute. Arratsaldean, Tranbia 28 hartu genuen(zaharrena) eta ibilbide guztia egin genuen Barrio Alto-ra heldu arte, bertan begiratoki liluragarri bat dago Lisboa ikusteko eta garagardo bat edateko oso aproposa dena.

Irudia 1: San Jorge-ko Gazteluan

Azken egunean Belem-era joan ginen, bertan, Torre de Belem eta Monasterio de los Jeronimos daude. Baina beste gauza garrantzitsu batzuk ere badaude, hala nola, Monumento a los Descubrimientos eta Puente 25 de Abril. Ezinbestekoa da Belem-eko pastelak dastatzea!! Uuuummm ze goxoak egon ziren!

Irudia 2: Monumento a los Descubrimientos-en eta atzean, Puente 25 de Abril

Lisboan hiru egun pasa ostean, Cascais-era joateko trena hartu genuen. Bertan hiru gau pasa genituen, “Blue room” eder horretan. Airbnb-tik hartu genuen, etxe handi baten goiko pisua guretzako zen, eta benetan ederra! Tren geltokira etxeko gizona etorri zitzaigun bila eta herritik buelta bat eman zigun, gomendio batzuk emanez. Arratsaldeko 6rak ziren etxera heldu ginenean, beraz bainujantzia jantzi eta hondartzara joan ginen bainu bat hartzeko asmoarekin, baina ura hotzegia zegoenez….hondarrean geratzea erabaki genuen. Hurrengo egunean, bizikleta batzuk hartu genituen (dohainik alokatu ahal dira) Cascais ingurua ezagutzeko primeran baitaude.  Zoritxarrez atzeko gurpila zulatu zitzaidan eta lehenago itzuli behar izan ginen.

Irudia 3: Playa Gincho-ra bizikletaz joan ginenean

Arratsaldean Sintra-ra joan ginen, oso herri polita eta berezia da, baina leku guztietara sartzeko dirutza ordaindu behar da. Hortaz, kontuan hartzeko gauza da hara joan nahi baduzue. Azken bi egunak deskantsatzeko aprobetxatu genituen, hondartzara joan eta eguzkia hartu, 2 minutuko bainu hotzak eman…Gauean herritik buelta bat eman eta zeozer hartu. Giro oso ona egoten zen Cascaiseko gauetan. Azken arratsaldean Estoril-era joan ginen oinez, 20 minutura dago eta paseo polita da. Afaldu ostean Estorileko Casino famatua bisitatu genuen, benetan ikaragarria! Joan aurretik ruletara jolastu genuen, eta nik behintzat zeozer irabazi nuen!

Irudia 4: Estorileko Casinoan

Beste behin, eskerrak eman nahi dizkizut bidai zoragarri hau hain berezia egiteagatik.

Sara Gutierrez (22 años)

Mi viaje a Irlanda

Todo comenzó cuando, en febrero, una compañera de clase me comentó la idea de viajar a Irlanda. La idea me llamó la atención porque me habló de una página web (couchsurfing.com) donde la gente te ofrecía alojamiento gratis en sus casas para estancias cortas.

A partir de ahí, comenzamos a enviar un montón de correos a distintas personas que residían en Dublín y totalmente convencidas de que nos dirían que sí, compramos los billetes de avión en marzo. No facturamos maletas y tampoco recomiendo hacerlo a no ser que sea para estancias superiores a una semana fuera de casa, así es mucho más cómodo.

La cosa se torció cuando todos nos contestaron que no y nosotras nos quedamos con nuestros billetes de avión y nuestras caras de lelas… Para solucionarlo, decidimos buscar alojamiento en un hostel. Miramos y comparamos varios pero nos decantamos, finalmente, por Egali Hostel donde por 16€/noche podíamos dormir en una habitación compartida con otras 14 personas más.

Con antelación y por Internet reservamos algunas cosas más: la visita a la fábrica de Guinness, la excursión a los acantilados de Moher y el Tour por Wriclow. Además, como nuestros vuelos salían desde el aeropuerto de Barajas, también tuvimos que comprar billetes de autobús Vitoria-Madrid de manera previa. Cabe destacar que con la Tarjeta de Estudiante Internacional (ISIC) obtuvimos varios descuentos (en el museo del Leprechaun, museo de Dublinia, la Catedral de San Patricio…).

El día 8 de junio dio comienzo nuestro viaje, un viaje de 5 días en el que nuestro objetivo era conocer al máximo Irlanda. Nada de relax, la mayor cantidad de turismo posible.

A las 10:30 de la mañana salí de mi casa y me dirigí a la estación de autobuses. A las 19:30 ya estábamos en la puerta de embarque, preparadísimas. El vuelo se retrasó dos horas y llegamos al hostel a las 02:45 de la madrugada. Para no retrasarnos aún más decidimos coger un taxi que nos dejase en la puerta (nos salió barato puesto que lo compartimos con una chica de La Rioja, con la que hicimos amistad durante el retraso de nuestro vuelo, ¡hay que tener contactos en todos los lados!).

Las excursiones fueron geniales, Dublín es estupendo y su gente mucho más. Cada vez que alguien nos veía mirando un mapa se acercaba a preguntarnos si necesitábamos ayuda (una vez hasta se nos acercó un chico montado en una moto). Si no tienes un alto nivel de inglés tampoco es algo grave, allí las personas hacen un gran esfuerzo por conseguir entenderte. Pero eso sí, ya que estás allí es bueno intentar hacer oído y practicar el idioma.

La estancia en el hostel también me gustó, aunque para gustos están los colores (mi amiga dijo que no repetiría la experiencia). Alojarme allí me sirvió para relacionarme con gente a la que también le gusta viajar y relacionarse con gente de distintas culturas. Recomiendo reservar algunas horas del día para hacer vida en el hostel. Nosotras hicimos dos amigas de Míchigan, les enseñamos a jugar a las cartas y ellas a nosotras al beer pong.

Otra recomendación es la de crear un pequeño horario para aprovechar mejor el tiempo y llevar un mapa (aunque también merece la pena perderse un poquito y conocer lugares inesperados). Antes de viajar también está bien documentarte un poco sobre el país, sus costumbres y descubrir las cosas que son gratis (escuchar música en directo en algunos bares de Temple Bar, visitar parques, varios museos…).

Si quieres y puedes, no lo dudes, viaja, porque además de disfrutar ¡viajar es la mejor escuela!

Yo disfrutando en los acantilados de Moher

Aquí paseando por el cementerio de la abadía de Corcomroe

¡Pelos al viento! Es una de las maneras de disfrutar del clima de Irlanda

Ana Victoria Santamaría (21años)

Polonia en estado puro

¿Qué imágenes nos vienen a la cabeza cuando pensamos en Polonia? No dudo ni en un instante de que coincidiríamos en muchas de ellas: un país del Este donde beben mucha cerveza y, en los meses de invierno, probablemente mucho vodka; un país donde se habla un idioma impronunciable con incontables consonantes seguidas y sonidos que nuestra boca de hispanohablantes es imposible de articular y, para más inri, un país donde nadie parece hablar más que cuatro palabras mal pronunciadas en inglés; un país reino de inviernos eternos que alcanzan temperaturas a las que los españoles, tan acostumbrados al sol, a las terrazas y a los helados Calippo, no sobreviviríamos. Esta misma imagen se nos presentó a mí y a otros cuatro amigos durante nuestra estancia Erasmus en la ciudad alemana de Heidelberg. En marzo de 2015, aprovechando que los estudiantes alemanes (y nosotros, como parte de ellos) disfrutan de unas vacaciones que se conocen como Semesterferien (más de dos meses de vacaciones, desde comienzos de febrero hasta mediados de abril, que dividen los dos semestres universitarios: el semestre de invierno y el semestre de verano), y habiendo reservado algo de dinero, cinco estudiantes de Traducción (tres de ellos españoles, un italiano y un alemán) nos embarcamos en la aventura de viajar a Polonia. Nuestro destino: Cracovia, la ciudad de los libros y la literatura.

La primera incógnita del viaje fue decidir cómo llegar y las opciones no eran pocas. Sin embargo, primó más el tema dinero que la rapidez y la comodidad (punto clave en este viaje) que las alternativas como un vuelo o un tren nos ofrecían. Por ello, después de muchas dudas, reservamos cinco billetes en un autobús de Eurolines que partía de Heidelberg con destino Cracovia. Un viaje de 17 horas que abarcaba tanto la noche como el día. ¿Si mereció la pena? La pena habría sido no hacerlo.

El viaje comenzó en la estación de autobuses de Heidelberg, en la que un autobús lleno de polacos nos esperaba una tarde de marzo. Ni un solo alemán, ni un solo extranjero. Tampoco se escuchaba alemán ni otro idioma, solo polaco. La barrera lingüística nos acechaba. El conductor, efectivamente, cubría la línea de Eurolines entre Polonia y Alemania, pero no se defendía con el idioma, y al ver que nosotros tampoco con el suyo, decidió adjudicarnos los mejores sitios del autobús: los cinco asientos del fondo (nótese la ironía). Los asientos que ocupan los populares o los guays en las excursiones del instituto. El problema radicaba en que era un autobús mal construido y… ¡sorpresa! La última fila de asientos era más estrecha que el resto. Sorprendentemente, a pesar del precio que habíamos pagado por el billete, el autobús dejaba mucho que desear: no ofrecía ni aire acondicionado, ni Wifi, ni enchufes. Como buenos estudiantes, llenamos de provisiones nuestra área para poder afrontar un viaje tan eterno. Vi tres películas enteras (una de ellas la película en polaco en voice-over que ponían en la pantalla), mi amiga se comió medio kilo de yogur y, entre todos, diría que dormimos unas cinco horas. La gota que colmó el vaso fue llegar a las afueras de Gliwice, pues nuestro billete decía que teníamos que hacer un cambio de autobús y el conductor nos respondía con evasivas, lo cual provocó que por poco perdiéramos el autobús que nos llevaba a Cracovia. Allí, en medio de Polonia, a 100 km de nuestro destino, a las 6 de la mañana.

Finalmente llegamos a Cracovia y, guiados con un iPad, encontramos la Rynek Główny (Plaza del Mercado), donde sacamos nuestros primeros złote (złoty, en singular) e hicimos el check-in en nuestro apartamento para los próximos cinco días. Un apartamento en la misma Plaza del Mercado que nos costó 681 zł (158€ al cambio, es decir, ¡6,32€ la noche por persona!). Además, se suponía que íbamos a alojarnos en un apartamento más pequeño, pero al hacer el check-in nos dieron uno que era sorprendentemente grande y extraño, con decoraciones medievales por todos los lados. Old Town Apartments es mi recomendación: se trata de una cadena que dispone de varios apartamentos ubicados en diferentes sitios del Casco Antiguo.

En lugar de detallar paso a paso lo que hicimos durante nuestros cinco días, prefiero detallar una lista de 5 cosas relacionadas con Cracovia:

1.      Si tienes la oportunidad de irte de Erasmus a Cracovia, ¡vete ya!

Cracovia es una ciudad preciosa, llena de cultura, ambiente estudiantil y, por supuesto, fiesta. Hay muchísimos sitios que descubrir y en términos económicos, es una ciudad muy buena para vivir. Tiene todo lo que un estudiante Erasmus busca.

2.      Sí, es el paraíso de alcoholismo.

Pre-drinking para afrontar la noche polaca (Żubrówka incluido)

Además de variedades extraordinarias de alcohol, puedes encontrar alcohol a muy buen precio en cualquier sitio. Esto no significa que nos tiremos al vodka que cuesta 2€, sino que sepamos apreciar que un vodka que en Polonia cuesta el equivalente a 10€ va a ser un vodka muy bueno. Mi recomendación: Żubrówka, un vodka aromatizado con hierbas. Ha ganado varias medallas de oro y plata y ha sido galardonado con un International High Quality Trophy. Nosotros lo compramos en un supermercado normal y costaba 34 zł (7.5€ al cambio), por lo que no dudamos en llevarnos alguna botella de vuelta a Alemania. Además, beber en cualquier bar de fiesta es mucho más rentable que en España. Una copa combinada en un bar o discoteca del centro de la ciudad cuesta alrededor de 3 euros. Nosotros tuvimos la suerte de encontrar un bar espectacular que estaba casi vacío un viernes y pudimos disfrutar de la pista de baile para los cinco

3. La comida, mejor fuera de casa

Cena polaca

Nuestro debate continuo era decidir si comprar comida en el supermercado para cocinar en el apartamento o comer en restaurantes. Nuestra impresión fue que los supermercados eran caros en comparación al nivel de vida del país y, en principio, salía más rentable cenar fuera. Salimos a cenar un par de veces y la experiencia fue inigualable: nosotros encontramos un restaurante en el centro que nos sirvió sopa de primero y un plato de schabowy (pechuga de pollo empanada) con patatas por apenas 5 euros. Por la calle también hay innumerables puestos de zapiekanka (una baguete cubierta de jamón, queso y demás ingredientes) de 30 centímetros por apenas 3 euros. Desde luego, la comida sienta mejor cuando no te duele tanto pagarla.

4.   Hay que visitar Auschwitz

Sí o sí. Auschwitz ha sido lugar de crímenes terribles y los más susceptibles a emocionarse pueden pensar que lo van a pasar mal, y es que es cierto es un lugar que ha presenciado cosas horribles, pero también tiene mucha historia y es digno de verlo. Yo fui el encargado de organizar el viaje hasta Auschwitz: un autobús (http://lajkonikbus.pl/) que costaba 8€ ida y vuelta y la entrada a los campos con visita guiada en español y audioguía. Es imprescindible entrar en las cámaras de gas o ver los objetos personales de los presos, aunque también advierto que hay cosas muy espeluznantes, como objetos hechos por los nazis con los cabellos de los presos…

  5. Sin embargo, nada es gratis

Ni en Cracovia, ni en Roma, ni en Madrid. Todo cuesta dinero, aunque la cantidad sea ínfima. Nos inscribimos en dos Free Tours, pero a pesar de que los tours no tienen ningún coste porque la empresa que los organiza no paga a los guías, se trata de guías autónomos que son contratados por la empresa, cuyo sueldo lo obtienen de las propinas que generan al hacer estas visitas guiadas. Nosotros hicimos el tour general por el Casco Antiguo y por el barrio judío, ambos muy recomendables. Los guías siempre son amables y graciosos porque al final de la visita se sacan el sombrero y esperan que les des su recompensa, te ponen en una especie de compromiso. Lo cierto es que por una visita turística tan detallada dejar 5 euros no hace mal a nadie.

Otra experiencia que tuvimos relacionada con el dinero fue en el tranvía. Solíamos movernos por el centro y el Casco Antiguo, así que normalmente no precisábamos de transporte. Pero en una ocasión nos alejamos y para volver decidimos coger un tranvía, y, como no encontramos la máquina para sacar billete (y aunque la hubiéramos encontrado, no la íbamos a entender) nos subimos al tranvía sin billete. Resulta que la máquina estaba dentro del tranvía, pero decidimos no sacar billete porque solo viajábamos un par de paradas. Para nuestro asombro, el revisor ya estaba subido en el tranvía y se nos acercó, así que nosotros fingimos intentar sacar el billete en la máquina bajo su mirada acechante. Acabamos bajándonos del tranvía, no recuerdo si fue porque nos echó el revisor o porque decidimos no someternos a esa humillación. Lección aprendida: aunque el billete cueste un euro, ¡mejor pagarlo y ahórrate tener que enfrentarte a un controlador de billetes polaco!

El viaje de vuelta tampoco se quedó corto: Nico, nuestro compañero italiano, se olvidó su cartera en el autobús cuando nos bajamos en Heidelberg (aunque pudo recuperarla) y discutimos con el conductor del viaje de vuelta porque, una vez más, dieron prioridad a los polacos y nos asignaron los peores sitios a nosotros. Lo divertido de viajar con amigos es que no importa a dónde ni cómo vayas: lo importante es tu actitud y la gente que te acompaña. Cracovia fue un sitio que nos marcó a todos.  Y es que ya lo dijo Pat Conroy: «Una vez que has viajado, la travesía nunca termina, sino que es recreada una y otra vez a partir de vitrinas con recuerdos. La mente nunca puede desprenderse del viaje».

Río Vístula desde el Bulevar Czerwieński

Plaza del Mercado de Cracovia

Mikel Jato (20 años)