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La lectura es el viaje de aquellos que no pueden tomar el tren

El año pasado escribí unas líneas para este mismo blog, que acababan con una reflexión sobre si somos nosotros quienes hacemos el viaje, o es el viaje quien nos hace a nosotros. Siguiendo con esta discusión, querría darle una vuelta más al qué es viajar exactamente; la mayoría de las definiciones hablan de desplazarse mediante un medio de locomoción o vehículo. Pero, ¿dónde empieza el viaje? ¿dónde está el límite entre el viaje y el no viaje? ¿es necesario un desplazamiento físico para viajar?

Hace un año estuve unos días en Buenos Aires, Argentina, antes de dirigirme hacia el norte. Aunque esté a más de doce horas de avión, es una ciudad que se me hizo familiar, cercana. Entre otros barrios auténticos está La Boca, un barrio fundado por inmigrantes italianos que gracias al caminito, su calle famosa por sus edificios coloridos, es ahora uno de los más turísticos de la ciudad. Entre los murales que lo llenaban de energía, había uno que reproducía la frase de Francis de Croisset: “la lectura es el viaje de aquellos que no pueden tomar el tren”. Aún con su alta carga romántica-soñadora, es una frase que invita a la reflexión que os planteaba, y a valorar si ese enriquecimiento que supone el viaje lo podemos conseguir sin movernos físicamente. Me pareció una paradoja encontrar esta frase en la que es probablemente la calle más turística y fotografiada de la ciudad porteña.

Todos los que nos encontramos aquí estaremos más o menos de acuerdo en que un viaje es una experiencia que nos enriquece y aporta aprendizajes, y que no es algo sólo extrínseco a nosotros, estrictamente físico, sino que también existe un viaje interior.

Viajar a través de la memoria, de otras personas, de la fotografía, del cine, de la lectura, incluso de la radio y de blogs en internet es posible -y a veces, necesario. Salir del entorno cercano, dejarnos llevar por las personas y sus historias, permitirnos por un instante soñar con ese “allá” y esas otras maneras de ver nuestra existencia. Además, es en entornos como estos donde debemos reflexionar sobre las aportaciones del viaje de las que hablábamos, pero también de las implicaciones que conlleva, como el turismo masivo y sus consecuencias, del viaje como producto de consumo, y de países como el que compartimos, que han basado gran parte de su economía en esa dinámica.

Es así como, aunque parezca contradictorio, os invito a viajar sin tener que ir muy lejos.

Algunas recomendaciones y medios de desplazamiento:

Libros: Ébano (u otros) de Kapuscinski (África), In a Sunburned Country (Australia) de Bill Bryson, Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, que nos ha dejado recientemente…

Radio: Los programas de Levando Anclas y La casa de la Palabra, de Roge Blasco (Radio Euskadi).

Cine: La lista puede ser infinita… La sal de la Tierra, algunos documentales, películas más comerciales como Siete años en el Tíbet, La Playa,…

Fotografía: Sebastiao Salgado, World Press Photo, algunas muestras del Periscopio, en Vitoria-Gasteiz,…

Aritz García de Cortázar (28 años)

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