bannerviajerofinla

Bidaiak. Nire Erasmusa

Bidaiak, bidaiak dira eta hasi egiten diren bezala, amaitu ere egiten dira. Laranja zuku batekin alderatuko nituzkeen. Lehenik, plangintza dator (laranja zatitu eta zukua atera); gero, garrantzitsuena prest daukagunean, onena dator, irudikapen eta igurikapena martxan jartzen ditugu (nolako zaporea izango du laranja honen zukuak? mmmm); ostean, azkarren pasatzen dena dator, ekimena bera (zukuak ahotik eztarrira eta eztarritik tripara bidaiatzen du); azkenik, oroitzapena, gustua geratzen zaigu (bitaminak lortu ditugu).

Orain dela hiru urte horrelako prozesu baten barrena ikusi nuen neure burua eta, denbora joan bada ere, zuku goxo horren zaporea mingainean dut oraindik. Galesera joan nintzen, gure etxearen antzekoa den Ingalaterran kokatutako herrialdera. Ipuinetako lekua zirudien, gazteluz, zelaiz eta urez beterik. Bandera ere nire buruko istorioekin bat zetorren, izan ere, dragoi gorri polita da. Hala ere, ni printzesa izan beharrean, ingeles irakasle ikasketa karrerako hirugarren mailako ikaslea baino ez nintzen, Erasmus programan, hain zuzen.

Ondo baino hobeto gogoratzen ditut lehenengo egunetako beldurrak eta sukaldatzeko arazoak, baina egoera horietan, gerora ulertu ahal izan dudan bezala, ikasten da gehien bat. Leku askotako lagunak egin nituen, nire ingelesa hobetu eta neure burua gehiago ezagutzeko beta ere izan nuen. Jaiak ez ziren falta, ezta bisitak eta turismoa ere. Dena den, gogor egin nuen lan eta nota onekin bueltatu nintzen nirera. Inork Erasmusa egin ala ez egin zalantzetan baldin badago, horiek guztiak alde batera uzteko eta abentura berri hori ekiteko gomendatzen diot nik. Atera zaitez zeure burbuilatik eta hasi mugitzen, zure txanda da!!

Itziar Uriarte (25 urte)

Mi segunda casa

En agosto del año pasado emprendí un viaje a una pequeña ciudad del norte de Holanda llamada Groningen. Fui con la ayuda del programa Erasmus y estuve allí hasta febrero.

Desde el primer día que llegué a Groningen me di cuenta que era una ciudad perfecta para vivir. Allí he conocido mucha gente de distintos países con los que he compartido los mejores meses de mi vida.

Solo tengo adjetivos positivos para describir esta ciudad y mi experiencia Erasmus en general. Es algo que le recomiendo a todo el mundo.

Groningen está a algo más de dos horas de Amsterdam en tren. Es una cuidad universitaria, con mucha diversidad de gente, idiomas y cultura, donde todos los días de la semana por la noche encuentras fiesta en el centro de la ciudad.

Groningen es una ciudad muy segura y casi sin tráfico. Allí todos se mueven en bicicleta, da igual la época del año que sea. Una cosa que me llamó mucho la atención fue ver a la gente con el paraguas en una mano tapándose del fuerte temporal, muy común en Groningen, y con la otra manejando la bici sin ningún problema.

Allí he aprendido realmente a montar en bicicleta, ahora puedo conducirla en una carretera nevada y con hielo sujetando un paraguas en una mano y llevando en la otra las bolsas de la compra.

Me ha costado alguna que otra caída, hay que reconocerlo.

El invierno es frío, pero con un buen abrigo el problema está solucionado y la vista de todos los lagos de la ciudad congelados y todos los rincones de la ciudad blancos lo compensa.

De lo único que me arrepiento es de no haberme quedado allí más tiempo.

Tamara Barrio

La ilusión de viajar

Hace menos de una semana, en el vuelo de Lima a Madrid, leí un artículo de Stephanie Rosenbloom en el NY Times que me dieron. Hablaba de un estudio sobre la anticipación y la felicidad que hicieron unos holandeses, donde aseguraban que cuando los viajeros y vacacioneros eran más felices era antes de sus viajes, preparándolos y anticipando ese futuro cercano, más que durante la salida en sí.

Fue un cartel en las escaleras de mi universidad, hace dos años, lo que despertó ese entusiasmo del que hablo: me dio la oportunidad de ir a Australia y las antípodas, algo que había soñado pero no esperaba, con una beca “todo incluido” de la UE (Joint Mobility Program). Entre tres ciudades y universidades, elegí Melbourne para pasar el medio año, por ser la más creativa y artísticamente activa. Aunque ir a Australia supone mucho papeleo, tan pronto respiré el aire del continente austral se me olvidaron todas esas trabas. Aterricé en una ciudad cargada de vitalidad y optimismo, donde la gente no estaba preocupada por su futuro y nada les quitaba el sueño, ¡de hecho allí se duerme un montón!

Y es que cruzar el charco (cualquiera) es un hito viajero en sí, pero llegar a Australia es como cruzar dos charcos; harás una parada en otro continente intermedio, probablemente muy diferente al nuestro, y volarás más de 22 horas para llegar. Y esas horas que nos separan, a mí me dieron una perspectiva del mundo que no había tenido antes, de lo que ningún otro viaje me había hecho reflexionar. No es difícil distanciarse de lo ordinario en un país más grande que Europa y con la mitad de habitantes que España, a 7 horas en avión del país más cercano (sin contar Nueva Zelanda), con possums, wombats, emus, koalas y canguros y donde inmigrantes españoles regentan tienditas no muy diferentes a las que nosotros llamamos “badulakes”…

Ejemplos que ilustran esta relatividad y desencaje de mis prejuicios hay muchos, pero os contaré un par que tengo muy presentes. Por un lado, una señora mayor y desconocida que nos invitó a su casa a dormir, en un pueblito costero de Queensland, cuando nos vio las intenciones de pasar la noche en nuestra furgoneta destartalada en un parking (está prohibido). Según ella lo hacía para que a sus hijos también los trataran bien por el mundo. Una lección contundente, un elogio a la reciprocidad, la confianza y la generosidad al que ojalá estuviéramos más acostumbrados. Por otro, la hora y media de coche que felizmente hacían los surfers, y no eran pocos, para ir de Melbourne a las olas, algunos después del trabajo. Me di cuenta de que en Gasteiz estamos al lado del mar… y sobre todo que las distancias, ¡¡nos las ponemos nosotros!!

Melbourne es un melange de urbanidad europea, americana y asiática, llena de secretos y muy divertida. Por otro lado, la universidad desprendía positivismo, creatividad y entusiasmo. Mi tutor, y creo que es algo generalizado en las universidades anglosajonas, se caracterizaba por buscar y potenciar las virtudes de sus alumnos, no por localizar y machacar sus debilidades. Creo que aún nos queda mucho por aprender y cambiar en el campo de la docencia de nuestro viejo continente.

Igual que he empezado, quisiera acabar mi relato en otro vuelo, de Sydney a Bangkok, que tomé a la vuelta. Mi vecino de vuelo, un señor australiano entre los 50 y los 60, salía a dar nada menos que su 13ª vuelta al mundo, y en un rato en el que dejó de escuchar ópera a todo volumen, hablé con él sobre la situación de los jóvenes en nuestra región. Sonriendo, me dijo: You are still young; you still have much to see out there! (aún eres joven, ¡tienes tanto por ver!). Palabras banales a primera vista, pero cargadas de sutileza y ese optimismo australiano que yo quería traerme en la maleta. Lo más importante, y ya lo dicen los investigadores holandeses, es no perder la ilusión de viajar.

Viajar para estudiar (y viceversa)

¿Cómo? Hay muchas becas; si no te la dan a la primera, toma nota de los errores y prueba otra. Aparte de Erasmus y otras del Gobierno Vasco están: Joint Mobility Program (UE y Japón, Australia, Corea), Becas Santander, LaCaixa, Fundaciones (Rafael del Pino, Ramon Areces, Iberdrola, Caja Madrid, Eduardo Justo…), Programa Fullbright (EEUU), becas de doctorado (de nuestros gobiernos y de los de destino)… hay de todos los grados y algunas específicas para una rama de estudios. Busca la tuya.

Vuelos/idiomas: A veces la beca incluirá el precio del billete, incluso un curso del idioma local. Aunque la mayoría nos cubrirán los gastos de matrícula y nos darán una bolsa para la manutención. Aprovecha todas las oportunidades que da la beca.

Visados y burocracia: Para estudiar y residir más de 3 meses en la mayoría de países extraeuropeos necesitaremos un visado de estudiante. La mayoría de estos visados nos permitirán trabajar unas 20 horas a la semana además de estudiar, y también nos darán al menos un mes de margen para poder viajar y conocer el país.

+info: Gazteaukera, mastermas.com, locos por las becas (facebook), oficinas de información joven, libros como “En las antípodas” de Bill Bryson…

Aritz García de Cortázar