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Viajando diferente: Workaway en Rumanía

Aunque muchas veces pase desapercibido, hay algo más allá de la Torre Eiffel o la Fontana di Trevi; hay una parte de Europa aún olvidada. Europa del Este todavía mantiene unos encantos que nada tienen que envidiar al resto de Europa. Por esta razón, mi novio y yo decidimos que este verano era hora de conocer esta zona.

Como siempre, no es que tuviésemos mucho dinero, por lo que tras buscar por Internet formas baratas de cumplir nuestro objetivo, dimos con la solución: Workaway. Workaway es una forma diferente de viajar en la que familias de todo el mundo te ofrecen alojamiento y comida a cambio de unas horas de ayuda en diversas tareas: cuidar niños, trabajar una granja, arreglar el jardín, hacer trabajos de bricolaje… ¡de todo! En nuestra opinión, esta es la mejor manera de conocer realmente un país, ya que puedes sumergirte en su cultura, practicar su lengua y tener contacto directo con su gente.

Una vez que decidimos que esta nueva experiencia era la que queríamos para nuestro verano, empezamos a mandar emails hasta que un hostel de Bucarest decidió darnos la oportunidad que buscábamos. Tras intercambiar un par de correos para asegurarnos bien de lo que querían y de cuánto trabajaríamos (cuatro horas al día y con días libres), compramos nuestros billetes de avión y ¡allá que nos fuimos para tres semanas!

Postales desde Bucarest

¿Cuál fue nuestra primera impresión de Bucarest? Una ciudad un poco caótica y algo sucia, donde reina la desigualdad debido a la crisis, pero excitante y bonita. Lo de caótica fue por el tráfico, ya que conducen como locos y el ámbar no existe, pero cuando te acostumbras te atreves a cruzar en rojo avenidas de seis carriles. Lo de sucia fue por las aceras llenas de charcos del agua del aire acondicionado, pero nada que no arreglase una ducha. Y lo de bonita… hay quien le llama “el pequeño París”, ¡y nosotros estamos totalmente de acuerdo! ¡Ah!, y además es barata, asique los viajeros con poco presupuesto no tenemos por qué preocuparnos: un viaje en metro por 50 cts., una cena típica rumana para dos no llega a 10 €, una pinta de cerveza por 1 €,…

Tuvimos mucha suerte con el hostel que nos hospedó. La manager era muy atenta (incluso nos llevaba algún pastel mientras trabajábamos) y había varios voluntarios más que nos hicieron sentir como en casa. El segundo día comenzó nuestro trabajo: servir cafés en la pequeña cafetería del hostel. ¡No habría forma mejor de conocer a otros viajeros o hacer planes con los voluntarios para ir de festival, probar comida típica o salir de fiesta!

A menudo se organizaban eventos. Por ejemplo, un día se hizo noche de productos típicos rumanos y allí estuvimos todos comiendo zacuscă y bebiendo pálinka. Además, cualquier noche es buena para salir en Bucarest, porque hay un ambiente increíble. La zona del centro es básicamente una discoteca al aire libre, plagada de terrazas y locales que te sirven tanto el desayuno, como la comida, la cena o la copa de las 4 de la mañana.

CreativeFest, un festival en Bucarest al que fuimos con algunos amigos.

Normalmente comíamos con los otros voluntarios y compartíamos tortilla de patata hecha por un holandés amante de España, guiso típico brasileño o lo que hubiese. Sin embargo, hubo algún plato típico que no pudimos irnos sin probar dos veces; como la ciorbă o sopa, la cual sirven dentro de un pan redondo vacío que funciona a modo de cuenco, o los mici. El postre por excelencia es el papanași. Una especie de rosquillas fritas rellenas de queso y generosamente cubiertas con mermelada de arándanos y azúcar glas. Como veis, una auténtica bomba… y de ahí la cara de sorpresa del camarero el día que decidimos merendar a las 7 de la tarde.

El papanași. Si estás a dieta, mejor aléjate.

 

 

 

 

 

Por las tardes nos dedicábamos a ver la ciudad. Si vais, es imprescindible que visitéis el parlamento, el segundo edificio más grande del mundo; y la Piața Unirii y sus alrededores; y que paseéis por el Parque Herăstrău y por el resto de parques de la ciudad, que tienen una vida increíble y están excelentemente cuidados.

Los días libres fuimos a otras ciudades de Rumanía. Los trenes son baratos y tienen buenas conexiones, aunque no vamos a decir que sean rápidos y modernos, porque mentiríamos. En ir a Timișoara a pasar unos días tardamos casi 9 horas en un tren abarrotado en el que hacía bastante frío, pero es el justo precio que hay que pagar (más los 13 € del billete) para poder visitar esta maravilla de ciudad. Además, siempre podremos contar la aventura y en el tren conocimos mucha gente e incluso hicimos de traductores para un señor al que le habían llegado al WhatsApp mensajes en español.  Otro fin de semana fuimos a Constanța, a orillas del mar Negro a disfrutar de unos días de playa y relax.

Cuando acabaron nuestras 3 semanas de Workaway, empezó nuestra ruta por Transilvania. Decidimos quedarnos en Brașov, una pequeña ciudad al pie del monte Tâmpa con aires de Hollywood pero en bonito. Os recomendaríamos muchos lugares que ver en Brașov, pero lo mejor es que simplemente callejeéis o hagáis uno de los tours gratuitos que salen cada día a las 18.00 desde la Piața Sfatului.

El colorido centro histórico de Timișoara

Sighișoara no se queda atrás tampoco en color…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista de la Piața Presei Libere desde el lago del Parque Herăstrău.

Cuando acabaron nuestras 3 semanas de Workaway, empezó nuestra ruta por Transilvania. Decidimos quedarnos en Brașov, una pequeña ciudad al pie del monte Tâmpa con aires de Hollywood pero en bonito. Os recomendaríamos muchos lugares que ver en Brașov, pero lo mejor es que simplemente callejeéis o hagáis uno de los tours gratuitos que salen cada día a las 18.00 desde la Piața Sfatului.

Brașov desde las alturas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde allí, fuimos un día a Sighișoara (visita obligatoria) y otro día cogimos un autobús hasta el Castillo de Bran o de «Drácula», en el que supuestamente vivió Blad el Empalador, rey rumano que inspiró el personaje de esta novela. Es cierto que sí que os chuparán un poco la sangre por entrar, ya que es caro para lo masificado que está, pero con el carnet de la universidad hacen descuento (al igual que en la mayoría de los museos rumanos, y eso que ya son baratos).

Por último, si podéis alquilar un coche, conducid desde Brașov hasta una de las carreteras más bonitas del mundo, Transfăgărășan, que transcurre serpenteando entre las laderas de los Cárpatos.

Una vez  de vuelta en casa, solo podemos decir que no podíamos haber elegido mejor. Este tipo de viajes, más auténticos, te enganchan. Si tenéis ganas de aprender y actitud, siempre encontraréis algo que aportar, y no será nada en comparación con todo lo que recibiréis a cambio.

Sofía Serrano (21 años)

Den danske sommer (Uda daniarra)

Herrialde eskandinaviarren kulturak erakarrita, haien hizkuntzei eta ongizatearen gizarteari buruz gehiago jakiteko, buruan aspalditik nerabilen uda garaian Ragnar Lodbroken eta bestelako bikingoen sorterrira bidaiatxo bat egitea, neguko hotzak eta iluntasuna iritsi aurretik. Hala ere, nahiko ezaguna da iparraldekoen bizimodu garestia, hori dela eta beti gerorako uzten nuen, beste helmuga merkeagoen bila. Aurten, aldiz, aukera paregabea izan dut beka baten bitartez Danimarkan daniera hiru astebetez ikasteko munduko bazter guztietatik etorritako ikasle askorekin batera.

Ikastetxea Odensen zegoen, Fioniako uhartean. Hara iristeko Madriletik Kopenhagera hegazkina hartu, eta gero ordu eta erdiko bidaia egin nuen trenez. Bai, egia da garraiobide publikoak garestiak direla (40€ hiriburutik Odenseraino), baina beste aldetik tren guztiek doako wifia eskaintzen dute (oro har, interneta eskuratzea ez da oso zaila izaten Danimarkan) eta oso maiztasun handia dute. Odense Danimarkako hirugarren hiririk handiena da, baina hemengoekin konparatzen badugu hiri txiki bat izango litzateke. Dena den, badauka denon gusturako zerbait, eta maiatzetik irailera beti egoten dira musika kontzertuak bere parkeetan, eta baita zinema jaialdiak ere. Gainera, hiriguneko pubak ez dira Kopenhagekoak baino gutxiago. Danimarkako edozein hiritan bezala, ezinbestekoa da lekuko garagardoa probatzea! Eta ez ahaztu botilak supermerkatura itzultzea, diru tiketak ematen baitizkizute birziklatzeagatik.

Odenseko sinbolorik ezagunena ez da monumentu bat; aitzitik Hans Christian Andersen ipuin idazle ospetsua da, hiri hau baitu bere jaioterri. Idazlearen arrastoa nonahi ageri da. Erdiguneko semaforoek bere silueta eta guzti daukate oinezkoen argian!

Gure kanpusa hiriaren kanpoaldean zegoen, eta bertan goizeko bederatzietatik eguerdira arte izaten genituen klaseak. Irakasle batekin hizkuntza lantzen genuen, eta bestearekin Danimarkako kulturan eta historian sakontzen genuen, ingelesez. Danieraren alderik errazena gramatika da, ingelesaren antzekoa baita, baina ahoskera erotzeko modukoa da, ez daudelako inolako araurik idatzitakoa nola irakurri behar den jakiteko. Hala eta guztiz ere, kaletik edo supermerkatuan zerbait danieran galdetzean, bertakoek pazientzia handiz eta irribarre batekin erantzuten dizute, atzerritar batek bere hizkuntza ikastea benetan balioesten baitute.

Bazkalostean egunero tutoreek aisialdirako programatutako jardueraren bat geneukan (gehienetan klasean emandako edukiekin lotuta): Burdin Aroko herrixka bat bisitatzea, bizikletan ibiltzea, birziklapen-instalazioa ezagutzea, bertako kirolak eta jolasak etab. Horrez gain, astean behin gu geunden eskolan ikasten zuten daniarrekin biltzen ginen hitz egiteko eta klasean ikusitakoa praktikan jartzeko. Hitz gutxitan, aspertzeko denborarik ez! Asteburuak uharteko beste lekuetara txangoak egiteko aprobetxatzen genituen, Katermindako kostaldean dagoen bikingoen museo bitxi batera eta Egeskov Slot gaztelu ederrera bezala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esperientzia honek, daniera pixka bat irakasteaz aparte, eremu pertsonalean ere asko aberastu nau, izan ere, 20 herrialde baino gehiagoko ikaskide eta lagunekin batera bizitzean, klaseko aurkezpenetarako elkarrekin lan egitean edota afalostean, gitarraren soinuaz, hamaika hizkuntzetako abestiak gozatzean (eta abestean!) gauza harrigarriez konturatu naiz, adibidez euskaldunek eta hungariarrek umore berdina daukagula edota serbiarrak Espainiako kanta eta telesailen zale amorratuak direla.

Ordoki amaigabeen herrialdeak badu zerbait miresgarria udako ilunabarrean, zeruak egunaren azken argiak mantendu nahi duelako antza baitu.

Danimarkara laster itzultzea espero dut, eta 2017an Aarhus Europako Kultur Hiriburua izango denez, aukera hona izan daiteke Jutland penintsulako bazterrak ezagutzeko! Bitartean, daniera hobetzen jarraitu behar!

Asier Calzada (22 urte)

Hamburgo, otro tipo de “hamburger”

La cerveza, las salchichas, la puntualidad…. son posiblemente cosas que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en los alemanes o en su cultura. Sin embargo, cuando vas allí, ves que muchas de las cosas que pensabas sobre ellos no son ciertas. El relato de mi viaje es a la ciudad originaria de las hamburguesas. No, no es ninguna ciudad de EEUU; es Hamburgo (Alemania).

Hamburgo

A la espera de ser visitada

El primer pensamiento que se me vino a la cabeza cuando me enteré que mi destino era Hamburgo fue “¡horror! ¡Qué grande es eso! ¿Qué voy a hacer yo allí?”. Otro miedo que yo tenía es que iba a realizar este viaje sola. No iba a tener ni siquiera un pequeño colchón sobre el que apoyarme en un momento en el que estuviera perdida o tuviera problemas con todo el papeleo necesario. Y en una ciudad tan grande con tanta gente, una cultura y un idioma diferentes, es muy fácil perderse.

Santa Claus a traves de 800 años de la historia de Alemania

Pero al contrario de lo que pensaba en un primer momento, he vuelto enamoradísima de esa ciudad. Lo tiene todo y, paseando por la ciudad, no tienes la sensación de agobiarte en un mar de rascacielos, edificios y personas. La verdad es que es una ciudad para todos los gustos: tiene parques (algunos incluso se convierten en pequeños bosques en medio de la ciudad), lagos (navegables con canoas, surf paddel…), playa, ríos y pequeños canales, puerto, túneles subterráneos, un barrio rojo, tranquilidad, ajetreo… ¡Elige a tus anchas! Y todo el mundo es muy amable y es fácil encontrar un colchón que te pueda ayudar en casi cualquier sitio.

Hamburgo, espérame que ahí voy

Tiempo para relajarte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antes de ir, estuve buscando información sobre la ciudad. Busqué cosas que ver, cosas que hacer, y llené hojas y hojas con cosas que quería hacer una vez haber llegado allí. Pero no es lo mismo leer información que plantarte luego en una ciudad como esa. Una vez aterrizada allí no llegué a hacer ni la mitad de cosas que me había propuesto. ¡Y no fue por falta de ganas!

Encontré muchos lugares que no se encontraban en las guías turísticas que merecen mucho más la pena. Y yo vivía al lado de una de ellas: un parque bastante grande con un planetario en medio, jardines preparados para hacer barbacoas, festivales musicales e incluso un pequeño lago que con las bajas temperaturas, acabó helándose y conseguimos andar sobre el agua una noche.

Planetarium

Un alto en el camino para descansar

 

 

 

 

 

 

 

 

Descubriendo lugares que pocos conocen

Lo malo de mi estancia es que fue en invierno. Y no por culpa del frío. Para una persona que está acostumbrada a vivir en Vitoria, la sensación térmica es muy similar. Lo que si me vino genial fue un par de gorros de lana, unos guantes y un pañuelo para la garganta. Eso es más que suficiente para pasar un invierno a -8ºC en Hamburgo. Lo malo de esta época es las escasas  horas diarias de luz natural. Para las 4:30 de la tarde ya es prácticamente de noche y en muchos sitios de la ciudad, las farolas brillan por su ausencia. Aun así es un lugar bastante seguro.

Pero esta época también tiene su encanto. Mágico es el “Weihnachtsmarkt” (mercado de navidad) que está abierto a partir de mediados de noviembre. Al ser una ciudad bastante grande, tiene unos cuantos en los que abunda el vino caliente con especias servido en tazas especiales tan típico de Alemania. El más bonito es el que está frente al ayuntamiento que, gracias a que anochece pronto, es muy bonito y común encontrárselo iluminado con pequeñas luces.

Entrada al 'Hamburger Weihnachtsmarkt' del Ayuntamiento

La vida en una ciudad tan grande no es muy difícil. Hay  todo tipo de comercios, locales y mercadillos de segunda mano y el transporte llega a todos los puntos de la ciudad y todo se encuentra al fin y al cabo cercano. Cuando tenía tiempo de sobra cogía un mapa, marcaba un punto en el que todavía no había estado y ¡allí que me iba! Es una ciudad de la que nunca te cansas porque siempre queda algo por ver.

Alzando el vuelo para visitar Hamburgo

Sandra Basabe (23 años)

Scotland the Brave

A los que nos gusta viajar no nos importa el destino. En el puente de Diciembre del año pasado mi novia y yo buscamos el destino más barato y encontramos unos vuelos desde Santander a Edimburgo muy económicos y nos fuimos desde el 6 hasta el 9. Como el vuelo salía desde Santander, nos fuimos en coche hasta allí y lo dejamos durante todos los días del viaje en un parking cercano al aeropuerto, en el que dejas el coche y luego te llevan al aeropuerto y te recogen a tu vuelta.

Llegábamos a Edimburgo a las 13:30, por lo que creíamos que teníamos toda la tarde para aprovechar. Para ir hasta nuestro alojamiento lo hicimos en bus, habíamos mirado las líneas y aparentemente no era difícil llegar pero coger el bus en el aeropuerto no resultó sencillo ya que no hay demasiadas indicaciones y además hay que tener el dinero exacto porque en el bus no cambian, a pesar de todas las dificultades, en el autobús había wi-fi, lo que nos facilitó la llegada al alojamiento. Habíamos cogido una habitación en un apartamento en Airbnb y cuando llegamos el anfitrión resultó ser gallego. Estaba ubicado a unos 15 minutos caminando del centro de la ciudad, al lado de un parque y era una habitación preciosa en la que estuvimos tan a gusto como en casa.

Foto. Nuestro alojamiento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando conseguimos instalarnos eran aproximadamente las 15:30-16:00 ¡y ya empezaba a anochecer!. Nos abrigamos bien porque el clima era gélido y salimos hacia el centro de la ciudad. Para llegar hasta allí teníamos un bonito paseo al lado de un canal muy tranquilo.

Foto. El camino al borde del canal.

Foto. Victoria Street

Edimburgo estaba ya decorado de Navidad y el ambiente estaba muy bonito. En Princess Street Gardens, que es uno de los parques más grandes del centro de la ciudad había un mercadillo navideño muy grande y con muchos puestos y una pista de patinaje sobre hielo. Allí se podía probar el típico “Mulled Wine”, que es un vino caliente especiado muy típico de las navidades en Edimburgo.

Foto. Mercadillo navideño

Ese primer día encontramos un sitio muy auténtico para cenar en plena Royal Mile, era una iglesia reformada, en la mitad del local había puestos de productos de artesanía de comerciantes locales y la otra mitad era un restaurante en el que servían unas pizzas deliciosas y además había música en directo.

Foto. Tron Kirk & Royal Mile Market

El segundo día madrugamos para aprovechar las horas de luz y salimos a recorrer la ciudad caminando, que es lo que más nos gusta hacer.

Foto. Colegio de Edimburgo

Además Edimburgo es una ciudad pequeña, no merece la pena usar el transporte público ya que caminando siempre se descubren buenos lugares. Fuimos andando por la ruta de Water of Leith, que recorre las orillas del río y llega hasta Dean Village, que es una pequeña zona de casas de piedra que antiguamente eran fábricas que trabajaban con molinos. Desde allí fuimos caminando atravesando Queen Street hasta Calton Hill, que es una colina desde donde se ve casi toda la ciudad.

Fotos. Calton Hill

Fotos. Calton Hill

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese día comimos platos muy típicos: Fish&Chips y Stuffed Potatoes. Por la tarde subimos al Castillo, desde donde cada día a las 13:00 se lanza un cañonazo.

Foto. Fish&Chips y Stuffed Potato

Y al salir bajamos por The Royal Mile y seguimos callejeando hasta llegar a la universidad de Edimburgo.

Foto. Universidad de Edimburgo

Al día siguiente decidimos ir a Glasgow, cogimos un tren en la estación de Haymarket que era la que nos quedaba más próxima del apartamento y en aproximadamente una hora estábamos allí. Hay diferentes trenes que hacen diferentes rutas pero el recorrido es muy bonito. Nos bajamos en la estación de Queen Street, nada más llegar lucía el sol y fuimos caminando hasta la catedral y la necrópolis, desde donde hay unas bonitas vistas de Glasgow.

Fotos. Catedral y Necrópolis de Glasgow

Fotos. Catedral y Necrópolis de Glasgow

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto. Calles de Glasgow

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También paseamos por las orillas del río Clyde, donde nos encontramos con un homenaje a la vizcaína Dolores Ibárruri.

Fotos. Paseo a orillas del río Clyde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La zona del centro está llena de tiendas, bares y restaurantes llenos de vida y en esa época también había mercadillos navideños.

Foto. Calles de Glasgow a la noche

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Glasgow es una ciudad más industrial, más moderna y más comercial que Edimburgo pero igualmente tiene su encanto y en una visita a Escocia, merece la pena visitarla.

Sólo nos quedaban una mañana en Edimburgo y como mi novia es una fan de Harry Potter, fuimos a desayunar a The Elephant House, una pequeña y tranquila cafetería en el centro de la ciudad, lugar en el que nació Harry Potter gracias a JK Rowling, que escribió gran parte de su obra en esta cafetería y desde donde se ve el cementerio Greyfriars Kirkyard en el que dicen que también se inspiró para algunos de los capítulos de sus libros.

Fotos. The Elephant House por fuera

Fotos. Y los baños, llenos de firmas y escritos de los fans de Harry Potter.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde allí caminamos hasta Edinburgh City Chambers, en la Royal Mile, donde están plasmadas las manos de las personas más ilustres de Edimburgo al más puro estilo Hollywood. Y allí están, como no, las de JK Rowling.

Foto. Manos de JK Rowling

De allí a comer y nuestro viaje a Escocia había llegado a su fín. Nos fuimos, ya con más facilidad, al aeropuerto y dijimos adiós a los valientes escoceses, pero con la maleta llena de galletas de mantequilla y algún que otro queso de la zona.

Álvaro Astorgano (29 años)

Las dos Alemanias

El concepto de “dos Alemanias” no deja lugar a dudas: una Alemania comunista y encerrada en valores pasados de moda, y, por otro lado, una Alemania abierta al consumismo, a las tecnologías y al porvenir. Este es el panorama que se presentaba en la actual Alemania durante una gran parte del siglo XX, por aquel entonces dividida en dos repúblicas diferentes: la democrática y la federal. No fue hasta 1989 que la caída del muro de Berlín propició la reunificación. Y eso tuvo mucho alcance.

El único lugar desde donde todavía hoy podemos encontrar rastros de lo que fue la Alemania más comunista se encuentra, como es obvio, al este del país. Yo y mi compañero italiano Nico, sumidos en la curiosidad por saber más sobre este rincón del país, nos subimos en un tren nocturno de diez horas partiendo desde Heidelberg con destino Dresde. No es que nos apasionen los viajes nocturnos (es más, los odio, no consigo dormir en el transporte), pero es lo más económico: ¡64€ ida y vuelta!

DÍA 1. DRESDE.

Nuestra temprana llegada hizo que pudiéramos aprovechar el día al completo, empezando desde la misma mañana. Caminando por la icónica Prager Straße, en la que se puede apreciar mejor que en ningún sitio cómo los edificios de origen comunista albergan grandes superficies comerciales, nos encontramos con un compañero italiano de Nico, que caminaba casualmente, y nos invitó a un café en su residencia de estudiantes.

Nos apuntamos a los habituales tours guiados a través del casco antiguo y el barrio de Neustadt y… Guau. Lo más impresionante fue la Frauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora), la Hofkirche (catedral de la Santísima Trinidad), el palacio y la terraza de Brühl (un conjunto de edificios que se extiende a lo largo del rio Elba).

Nuestro alojamiento para el primer día era una habitación que encontramos en Airbnb por 10€ cada uno en un piso de estudiantes en la zona sur de la ciudad. De hecho, era la habitación de una chica que esa semana estaba de viaje y dejaba su habitación libre, con derecho a utilizar el resto de la casa como dos inquilinos más. La experiencia fue agradable, pues su compañero de piso nos ayudó mucho.

DÍA 2. WEIMAR, JENA, LEIPZIG

Weimar es simplemente una ciudad que más bien parece un pueblecito, con casas bajas y apenas edificios que superan las 3 plantas. Jena, por otro lado, la visitamos solo porque un compañero mío de universidad estaba de Erasmus ahí, pero lo cierto es que la ciudad no tiene nada que ver. Como en todos los viajes, siempre hay alguna decepción.

Como no queríamos dormir en estos pueblecitos, la noche la pasamos en Leipzig. Llegamos a la ciudad a las ocho de la tarde y nos dirigimos hacia donde vivía la otra estudiante que nos iba a dejar su habitación esa noche. Se suponía que nos abría la puerta su compañero de piso, pero nadie respondía. Nos dieron las diez y seguíamos esperando a que alguien nos abriera, porque podía ser que el chico no estaba en casa en ese momento… Pero no. Nos pusimos en contacto con la chica y nos dijo que justo ese día no podía. Qué odio y frustración: ¡a la intemperie! Con la poca batería que nos quedaba en el móvil buscamos el hostal más barato de la ciudad y encontramos XXXX junto a la estación de trenes, que al final nos salió por 20€ la noche por cabeza y la habitación no estaba nada mal. El karma nos devolvió lo que nos debía.

DÍA 3. LEIPZIG

Día completo por la ciudad que incluyó: la persecución de un borracho por las inmediaciones de unos edificios de lujo (los usamos para escondernos de él), la subida a la torre más alta de la universidad y a la XXXXX, desde donde se ofrecían unas vistas maravillosas de los distintos barrios de la ciudad y el contraste con los barrios de estilo comunista y los nuevos barrios.

La vuelta en tren: otras diez horas, de noche, una vez más. Estábamos tan dormidos que nos pasamos nuestra parada y nos tuvimos que bajar en Karlsruhe y volver hacia atrás…

Mikel Jato (20 años)