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La ilusión de viajar

Hace menos de una semana, en el vuelo de Lima a Madrid, leí un artículo de Stephanie Rosenbloom en el NY Times que me dieron. Hablaba de un estudio sobre la anticipación y la felicidad que hicieron unos holandeses, donde aseguraban que cuando los viajeros y vacacioneros eran más felices era antes de sus viajes, preparándolos y anticipando ese futuro cercano, más que durante la salida en sí.

Fue un cartel en las escaleras de mi universidad, hace dos años, lo que despertó ese entusiasmo del que hablo: me dio la oportunidad de ir a Australia y las antípodas, algo que había soñado pero no esperaba, con una beca “todo incluido” de la UE (Joint Mobility Program). Entre tres ciudades y universidades, elegí Melbourne para pasar el medio año, por ser la más creativa y artísticamente activa. Aunque ir a Australia supone mucho papeleo, tan pronto respiré el aire del continente austral se me olvidaron todas esas trabas. Aterricé en una ciudad cargada de vitalidad y optimismo, donde la gente no estaba preocupada por su futuro y nada les quitaba el sueño, ¡de hecho allí se duerme un montón!

Y es que cruzar el charco (cualquiera) es un hito viajero en sí, pero llegar a Australia es como cruzar dos charcos; harás una parada en otro continente intermedio, probablemente muy diferente al nuestro, y volarás más de 22 horas para llegar. Y esas horas que nos separan, a mí me dieron una perspectiva del mundo que no había tenido antes, de lo que ningún otro viaje me había hecho reflexionar. No es difícil distanciarse de lo ordinario en un país más grande que Europa y con la mitad de habitantes que España, a 7 horas en avión del país más cercano (sin contar Nueva Zelanda), con possums, wombats, emus, koalas y canguros y donde inmigrantes españoles regentan tienditas no muy diferentes a las que nosotros llamamos “badulakes”…

Ejemplos que ilustran esta relatividad y desencaje de mis prejuicios hay muchos, pero os contaré un par que tengo muy presentes. Por un lado, una señora mayor y desconocida que nos invitó a su casa a dormir, en un pueblito costero de Queensland, cuando nos vio las intenciones de pasar la noche en nuestra furgoneta destartalada en un parking (está prohibido). Según ella lo hacía para que a sus hijos también los trataran bien por el mundo. Una lección contundente, un elogio a la reciprocidad, la confianza y la generosidad al que ojalá estuviéramos más acostumbrados. Por otro, la hora y media de coche que felizmente hacían los surfers, y no eran pocos, para ir de Melbourne a las olas, algunos después del trabajo. Me di cuenta de que en Gasteiz estamos al lado del mar… y sobre todo que las distancias, ¡¡nos las ponemos nosotros!!

Melbourne es un melange de urbanidad europea, americana y asiática, llena de secretos y muy divertida. Por otro lado, la universidad desprendía positivismo, creatividad y entusiasmo. Mi tutor, y creo que es algo generalizado en las universidades anglosajonas, se caracterizaba por buscar y potenciar las virtudes de sus alumnos, no por localizar y machacar sus debilidades. Creo que aún nos queda mucho por aprender y cambiar en el campo de la docencia de nuestro viejo continente.

Igual que he empezado, quisiera acabar mi relato en otro vuelo, de Sydney a Bangkok, que tomé a la vuelta. Mi vecino de vuelo, un señor australiano entre los 50 y los 60, salía a dar nada menos que su 13ª vuelta al mundo, y en un rato en el que dejó de escuchar ópera a todo volumen, hablé con él sobre la situación de los jóvenes en nuestra región. Sonriendo, me dijo: You are still young; you still have much to see out there! (aún eres joven, ¡tienes tanto por ver!). Palabras banales a primera vista, pero cargadas de sutileza y ese optimismo australiano que yo quería traerme en la maleta. Lo más importante, y ya lo dicen los investigadores holandeses, es no perder la ilusión de viajar.

Viajar para estudiar (y viceversa)

¿Cómo? Hay muchas becas; si no te la dan a la primera, toma nota de los errores y prueba otra. Aparte de Erasmus y otras del Gobierno Vasco están: Joint Mobility Program (UE y Japón, Australia, Corea), Becas Santander, LaCaixa, Fundaciones (Rafael del Pino, Ramon Areces, Iberdrola, Caja Madrid, Eduardo Justo…), Programa Fullbright (EEUU), becas de doctorado (de nuestros gobiernos y de los de destino)… hay de todos los grados y algunas específicas para una rama de estudios. Busca la tuya.

Vuelos/idiomas: A veces la beca incluirá el precio del billete, incluso un curso del idioma local. Aunque la mayoría nos cubrirán los gastos de matrícula y nos darán una bolsa para la manutención. Aprovecha todas las oportunidades que da la beca.

Visados y burocracia: Para estudiar y residir más de 3 meses en la mayoría de países extraeuropeos necesitaremos un visado de estudiante. La mayoría de estos visados nos permitirán trabajar unas 20 horas a la semana además de estudiar, y también nos darán al menos un mes de margen para poder viajar y conocer el país.

+info: Gazteaukera, mastermas.com, locos por las becas (facebook), oficinas de información joven, libros como “En las antípodas” de Bill Bryson…

Aritz García de Cortázar