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De país en país y tan feliz

Medio año de preparativos, horas de Skype pero al fin llego el día, el día de comenzar el Interrail. Una catalana y una vasca dispuestas a recorrerse media Europa en tan solo dieciséis días. Lo único que hacía falta era ilusión y de eso teníamos de sobra.

Tras la segunda noche de fiestas comenzó el viaje. Desde Bilbao volamos a Ámsterdam y aunque ya estábamos allí no nos lo podíamos creer: hace unas horas estábamos disfrutando de la música en las txosnas y en ese momento estábamos perdiéndonos por las callejuelas de la capital holandesa. Sus casas todas distintas y sus miles de puentes nos transportaban a los cuentos de la infancia. No nos hizo falta mucho tiempo para darnos cuenta de que allí quien no tiene bici no es nadie. En cuanto al transporte público pudimos pasar de montarnos gratis en un ferry a pagar 5€ por un urbano. Pero sin duda la mejor opción es patear, patear por todas partes.

Imagen 1: Los canales, los puentes, las bicis, las casas… Todos los iconos de Ámsterdam en uno

Lugares que no puedes perderte pueden ser la casa de Anne Frank o el barrio Rojo. La casa y el museo se pueden visitar por unos 4,5€ con la tarjeta joven y de verdad que no defrauda. Ver como vivieron escondidos, los videos sobre el holocausto o los testimonios de os sobrevivientes, todo ello hizo que se nos erizara la piel. Comprender el estado en el que vivían y sentir nuestra su historia, nada vale más que eso, ni siquiera las dos horas de cola. “Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada, una religión y un amor.” Anne Frank, 11 de abril de 1944.

Imagen 2: Puerta de la casa de Anne Frank

El cuarto día amanecimos en Berlín tras coger nuestro primer tren de esta aventura. Vimos una ciudad moderna en la que los edificios en obras son los más antiguos pero sin embargo fueron destruidos no hará más de 50 años. Algo impactante. Esa tarde pudimos disfrutar de los testimonios de familias judías que contaban como vivieron los años de terror. La mayoría de ellos acababan con la frase “no se ha sabido nada de su paradero“ o “murió en el campo de concentración”. Esto se puede visitar gratis en el museo que hay en medio del monumento del Campo de Estrellas.

Imagen 3: El Campo de Estrellas, dedicado a todos los fallecidos tanto judíos como gitanos o presos políticos.

Nuestro segundo día en la capital germana se basó en los “típicos”: La típica visita a los patios de las casas judías, ocho rincones conectados entre sí, pequeños refugios llenos de vida que nos hicieron olvidar por un momento el mundo real. También degustamos el típico almuerzo, una especie de lacito salado llamado bretzel. Especial gracia no me hizo pero había que probarlo. No podía faltar la típica visita al muro y como no, la típica cena: currywurst.

Imagen 4: Una parte del muro, una pared llena de relatos que la gente nos cuenta a través de sus dibujos.

El tercer país, la República Checa, nos recibió con una ola de calor, pero a pesar de eso subimos a Petrinske Sady a admirar Praga. Tras subir el monte nos adentramos en las callejuelas del centro hasta dar con el reloj astronómico. El que a todas las empunto nos deleita con un pequeño espectáculo. Si visitáis Praga tenéis una cita con Karlovy, la discoteca más grande de Centroeuropa asique ya sabéis, coged algo de ropa de fiesta.

Imagen 5: Al lado del reloj se puede ver un esqueleto que simboliza la muerte y te advierte de que cada vez te queda una hora menos. Así que hay que aprovechar cada momento.

Más cosas que visitar por esta capital pueden ser la escultura de Kafka, el cementerio judío en el que deberéis poder una piedra encima de alguna lapida para tener buena suerte, el muro de John Lennon o alguna de las islas que hay en el rio, perfectas para descansar. Acabamos la tarde paseando por el castillo lo que fue una buena idea dado que la panorámica desde ahí es inigualable y que el callejón dorado se puede ver gratis a partir de las 18:00h. Para merendar no dudamos en probar los rollos de hojaldre que se ven por la calle, riquísimos!

Imagen 6: Vistas desde lo alto del castillo

En Viena nos tocó improvisar y no se nos dio nada mal: encontramos de casualidad el palacio de Sisi la emperatriz, un castillo rodeado de parques montes y un zoo que hacían de él un lugar de ensueño.

Imagen 7: Palacio de Sisi

Para descansar nos acercamos a las orillas del Danubio donde nos pudimos bañar y fue el único sitio donde no había turistas. Pero en mi opinión lo más bonito fue el parque de atracciones Prater, el más antiguo del mundo donde también encontrarás la noria más antigua y el carrusel de sillas más alto. Como volver a ser una niña.

Imagen 8: No podía faltar el algodón de azúcar en un parque de atracciones

Budapest nos recibió con sus populares baños termales Szechenyi situados en un inmenso parque. Un buen plan para noche puede ser visitar las calles del barrio judío, repletas de ambiente y terrazas donde tomamos algo.

El segundo día en Hungría consistía en andar. Fuimos a la antigua Buda donde encontramos su castillo, su muralla y sus monumentos. A través del puente de las cadenas, el que antiguamente unió las dos ciudades, pasamos a lo que era Pest.

Imagen 9: Junto al monumento de los zapatos en memoria de los judíos asesinados y arrojados al rio.

Tras un día entero viajando en tren, con sus controles policiales llegamos a Croacia, más exactamente a Split. Un pequeño pueblo costero que se ha convertido en uno de los más turísticos. Sin embargo, optamos por perdernos por la península donde en medio del bosque encontramos calas preciosas. Además por la noche comprobamos como es la fiesta croata en el Tropical, una discoteca en plena playa.

Imagen 10: Tomando un helado en el transcurrido paseo de Split.

Nuestro último, pero no por ello menos importante destino fue Dubrovnik, otro pueblo de la costa de Croacia. El casco antiguo nos transportó a la era medieval entre sus calles y casas de piedra. En la fachada de una de ellas vimos una piedra saliente sobre la que todo el mundo intentaba subirse, darse la vuelta y quitarse la camiseta. Pero solamente subirse ya era un reto. Sus playas de piedra eran ideales para bucear, tomar el sol y disfrutar del paisaje.

Imagen 11: Disfrutando el sol en la maravillosa costa croata

Han sido 16 días intensos pero que se nos quedarán guardados en la memoria. Una experiencia de esas que no se olvida y que es necesario vivir, por lo menos una vez en la vida. Gente que conoces, lugares que descubres y mil historias que contar.

Nerea Guinea (19 años)

Interrail

Como cada año, empezamos a organizar nuestro viaje sobre el mapa. Imaginando cómo sería, ya que no habíamos reservado nada. Cargamos la mochila de cosas útiles y de sueños. Lo primero era alejarse lo suficiente para luego volver durante 15 días. Cada día 1 o 2 trenes que nos iban acercando de nuevo a nuestra casa.
Atravesamos grandes lugares como el castillo de Neuschwanstein y la Abadía del Mont Saint Michel. Conocimos gente que nos enseñó cosas, porque no hay como viajar para aprender. Pero yo recuerdo un lugar con más cariño que el resto, Nantes, en Francia.
Nada mas llegar a Nantes te das cuenta que es un lugar diferente. Un parque adornado con setos con forma de animales, cabras con las que posar, plazas diseñadas con mil colores y un castillo con pequeños guiños cómicos. Pero lo mas impresionante de todo es lo que llaman «Les machines de Nantes». Un gran diseñador se ha dedicado a fabricar grandes animales y bestias como por ejemplo, un mamut, un dragón, una hormiga, una araña, un cienpies. Lo que los hace diferentes son robots del tamaño de un edificio, algunos de ellos, que pasean libres por la ciudad. El mamut echa agua y mueve sus orejas. Los niños escapan correteando cuando ven al mamut echarles agua y levantar sus gigantes patas.
  
Por estos momentos es por lo que merece la pena el riesgo de cuando llegas a la taquilla y no sabes a dónde ir. No sabes si tendrás un hotel donde dormir. Pero sabes que estarás bien acompañado y así es imposible que nada te preocupe.
Porque los viajes son sueños, y sólo el que es capaz de perseguirlos puede ser realmente feliz.
Asier López de Munain

Tentando a la suerte: InterRrail Global Pass

Cómo no podía ser de otra manera mis vacaciones de verano llegaron más tarde de lo previsto, por lo que decidí, junto con mi compañero de aventuras… y también de desventuras, hacer un Interrail Global Pass de quince días de duración. Iniciamos nuestro viaje con un vuelo rumbo Dubrovnik donde nos reunimos con unos amigos y disfrutamos de unos agradables días de sol y playa… hasta que llegó la hora de empezar a estrujar las neuronas y hacer malabares para cuadrar los destinos y horarios de los trenes! ¡Ay, qué sensación más angustiosa y a la vez excitante es no saber dónde voy a estar mañana!

No llevamos ninguna reserva… no sabíamos si llegaríamos a nuestro no-destino. Por eso, nada más llegar a una estación nos informábamos de los trenes para los próximos días (aplicación InterRail RailPlanner, permite saber la disponibilidad de los trenes, clase de tren, duración del viaje, enlaces, étc.) y, una vez decidida la siguiente parada hacíamos la reserva del hostal u hotel (aplicación de Booking, permite reservar toda clase de alojamiento a precios asequibles).

Y, ¡atención! Si queremos evitar dolores de espalda por el excesivo peso de la mochila o tener que estar buscando a tientas el hotel a altas horas de la noche… es importante reservar el alojamiento lo más cerca posible a la estación (la aplicación de Booking también permite visualizar la localización de los hostales/hoteles en un mapa junto con el precio).

Y en cuanto al idioma… que no sea una excusa para no viajar! El inglés es más que suficiente en todos los países.

Por lo que, una vez hechos los anteriores deberes… sólo quedaba disfrutar y explorar lo que iba a ser nuestra ciudad por unas horas!

Mont St. Michel (Pontorson, Francia)

Y así, y durante quince días y más de una treintena de trenes, visitamos Zagreb (Croacia), Ljubljana (Eslovenia), Salzburgo (Austria), Innsbruck (Austria), Castillo de Neuschwanstein (Füssen, Alemania), Nürnberg (Alemania), Dresden Alemania), Dortmund (Alemania), Dussëldorf (Alemania), Köln (Alemania), Rotterdam (Holanda), Lille (Francia), Amiens (Francia), Le Havre (Francia), Caen (Francia), Mont St. Michel (Pontorson, Francia), Nantes (Francia) y Burdeos (Francia).

Ljubljana (Eslovenia)

Toda una experiencia que, sin duda, volvería a repetir.

Nagore Grijalba Marijua

 

Balkan experience

Ikasketak amaitu eta amaiera on bat eman nahi nion ixten ari zen ziklo horri, Unibertsitate garaiari. Lagun batekin InterRail bat egitera animatu nintzen, nora eta Balkanetara.

Kroaziako Gracac tren geltokia

Eta hori egin genuen, Balkanetako penintsulatik hilabete bat pasa genuen.

Euskal Herritik Bartzelonara, handik Veneziara hegaldi merke bat hartu genuen eta Venezian gure InterRaileko lehenengo trenera igo ginen. Geroago beste asko hartu behar izan genituen: Eslobeniara, Kroaziara, Bosnia eta Herzegovinara, Serbiara, Mazedoniara, Bulgariara, Turkiara eta Greziara.

Adriatikoa gure oinen pean

Bidaian zehar hainbat kultura eta erlijioetara gerturatzeko aukera izan genuen, besteak beste, CouchSurfing egiteko aukera izan genuelako; hainbat herrien historiak ezagutu genituen, herri ezberdinetako jaki tipikoak dastatu genituen, balkan musika festibal batera joan ginen eta hamaika abentura bizi genituen.

Abentura horietako bat Bosnia eta Herzegovinan gertatu zen. Autobus bat hartu behar izan genuen Mostar herrira joateko, eta bat-batean, atzekaldetik kea eta usain arraro bat ateratzen hasi zen… Bi aldiz “Stop the bus!” oihukatu behar izan genuen, autobus gidariak herrira ailegatu nahi zuelako gure osotasunean asko pentsatu gabe, eta hara non gure sorpresa! Motoretik kea ateratzen zen!! Hantxe amaitu zen autobus horren historia eta gurea beste autobus batean jarraitu zuen.

Mostarera ailegatu ez zen autobusa

Jada bi urte pasa dira gure bidaiatzeko beharra piztu zuen abentura ahaztezin horretatik eta buruan beti galdera berdinari bueltak ematen jarraitzen dugu: zein izango da gure hurrengo helbidea?

Tania Pérez