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Destino Bruselas

Después de años volvíamos a reencontrarnos, esta vez con más predisposición, mejor salud y más madurez. Salimos dirección Zaragoza en autobús para una vez llegar allí coger un vuelo a Bruselas. Un par de días antes recibimos la noticia de que en el barrio de mi abuela habían encontrado a Salah Abdeslam uno de los autores de los atentados yihadistas de París en Noviembre y que se habían producido varios tiroteos. Aún así fuimos sin miedo porque siempre piensas que a ti no te va a tocar.

Durante el viaje siempre salía el tema de: «¿Te imaginas que pasa ahora un atentado suicida?» pero todo fue bien. Llegamos al aeropuerto de Charleroi y agotados volvimos a montarnos en un autobús que nos dejó en casa. ¡Por fin, llegamos! Allí estaba mi abuela como otros años esperando, con sus manías y su suave voz, preparada para estrujarnos y abrazarnos por cada año que no fuimos a visitarla. Descargamos el equipaje y nos pusimos al día hasta caer rendidos. Hacía más de dos años que no veía a mis abuelos, y muchos más que andaba por las calles de Bruselas.

Todos los días me levantaba tarde, teniendo en cuenta que allí los días empiezan y acaban antes y muchas veces no daba tiempo a hacer todo lo que quería o ir a visitar ciertos museos o galerías.

Recuerdo que un día íbamos a ver el Museo de Magritte, llegamos a eso de las 16:00 y ya estaban a punto de cerrar, yo no me lo podía creer. En Vitoria estarían justo abriéndolo. Está claro que yo voy mucho más atrasada en cuanto a los horarios Europeos y la puntualidad nunca ha sido lo mío. Mi padre me dejó unos cuantos días a solas con mis abuelos mientras él seguía su viaje por Holanda, Brujas y al rededores. Mis abuelos siempre estaban predispuestos a llevarme a donde yo quisiera, ya que ven a su nieta de Pascuas a Ramos, así que me informé de los eventos que había en la ciudad y sobre los erasmus, pues también quería estar más a mi aire después de días intensivos con mis abuelos, además justo una amiga iba a llegar al día siguiente a Bruselas y era un plan perfecto.

(Una foto del museo de René Magritte desde fuera.)

Finalmente no quedé con los de erasmus, ni llegó mi amiga a Bruselas, ni salí al día siguiente con mis abuelos. Ese día caía 22 de marzo, yo aún en la cama haciéndome la remolona ya se me estaba pasando la hora, sin embargo, mi abuela no se había molestado en despertarme y eso era raro, muy raro. En cuanto abrí los ojos y me dispuse a levantarme, miré el móvil para ver qué hora era y lo tenía repleto de mensajes preguntándome si estaba bien,  que  respondiera por favor, y que tuviera cuidado. Yo no entendía nada, así que me levanté de la cama y vi a mi abuela sentada frente a la televisión mientras yo le preguntaba que qué había pasado, que casi todos mis contactos me habían escritos mensajes sin sentido. Entonces ella les dio todo el sentido que yo sentía que les faltaba a esos mensajes, cuando me dijo que había sucedido un atentado terrorista en el aeropuerto a las 07:45 de la mañana. Ese día nos quedamos en casa pegados a la televisión escuchando las noticias y viendo las terribles imágenes. Avisé a todo el mundo de que estaba bien y me sentí más inoportuna que nunca estando allí. Ahora entiendo el porqué no me despertó mi abuela aquel día.

Los siguientes días al atentado ya no eran iguales en Bruselas, toda la ciudad estaba en vigilancia y llena de cámaras y reporteros. Jamás había visto tantos militares en mi vida. Todas las papeleras de la ciudad estaban precintadas para evitar bombas y a la hora de entrar en el metro teníamos que pasar de uno en uno tras ser cacheados. Una vez dentro, los habitantes tenían miradas llenas de tristeza y miedo, un miedo atroz por llegar a su destino cuanto antes y bajar de ese maldito metro que había sido víctima del atentado días atrás.

Decidí acudir con mis abuelos a la Plaza Mayor donde había una quedada debido a los atentados para dar fuerza y compasión a los afectados y velar por ellos. Estaba lleno de personas, reporteros internacionales, y de carteles con la llamada de atención de dar abrazos gratis. El suelo y las paredes pintadas exigiendo paz y libertad, y banderas de Bruselas por todos los lados de las manos de personas que cantaban y se manifestaban contra el atentado. Nunca entenderé eso de pedir paz con una bandera en la mano, pero eso ya era otra historia. No puedo negar que sentí algo de humanidad cuando pensaba que ya se había extinguido en este mundo. Las personas se habían unido para ser uno, sin hacer diferencias, cantaban todos juntos, algunos lloraban, otros sonreían, algunos regalaban abrazos y otros los recibían como la mejor medicación que el ser humano ha fabricado para el dolor interno.

La idea del viaje era que yo iba con mi padre y volvía sola a Vitoria para los exámenes del segundo trimestre pero dadas las circunstancias volví con mi padre. Llegaron las despedidas después de nueve días intensos. Teníamos el vuelo en el aeropuerto de Charleroi, pero tras el derrumbamiento del aeropuerto de Bruselas-Zalventem todos los vuelos fueron destinados al aeropuerto donde nosotros cogíamos el vuelo de vuelta. En vez de un aeropuerto parecía la frontera de Marruecos o incluso peor. Había infinitas colas de coches pasando varios controles, al llegar a la puerta del aeropuerto registraban uno a uno las maletas con perros más el típico escáner sin embargo lo que más me llamó la atención fue que aún habiendo más de mil personas allí, había un silencio de velatorio. Llegamos sin problemas a Vitoria, con una anécdota más en nuestra vida y chocolate en la barriga.

Elsa Fernandez (20 años)

Nederland, Wonderland!

Como estudiante, pero persona a la que le gusta viajar, suelo elegir los destinos más económicos. Este invierno decidí realizar un viaje con Álvaro, mi novio, y buscamos quée destinos nos ofrecía el aeropuerto de Bilbao. Decidimos ir a Holanda, los vuelos eran baratos y encontramos también un apartamento a muy buen precio. Nos iríamos el domingo 8 de marzo (que casualmente coincidia con el cumpleaños de Álvaro) y estaríamos allí hasta el jueves día 12.

Valorando opciones para movernos una vez allí, la mejor opción fue comprar la “I amsterdam Card”+ 1 día fuera de Ámsterdam, incluye todo el transporte, entradas a muchos museos, una gran cantidad de descuentos; ¡nosotros la exprimimos al máximo!.

Día 1: 

Llegamos a mediodía y aprovechamos para pasear por el centro de la ciudad. Vimos la Casa de Anna Frank, la plaza Dam, la estación Central, la cantidad abrumadora de canales… Ámsterdam es una ciudad para callejear y perderse.

Foto 1. Los canales de Ámsterdam.

Y dimos un paseo en barco por el río Amstel, que además estaba incluido en la “I amsterdam Card”.

Foto 2. Paseo por los canales.

Día 2:

El segundo día por la mañana fuimos a visitar el Mercado de las Flores, el museo Van Gogh, el Rijksmuseum y el famosísimo I Amsterdam sign.

Después de comer nos fuimos a Heineken Experience, una especie de museo o visita guiada por lo que ha sido la primera fábrica de cerveza de la marca Heineken, yo no tenía muchas expectativas con esas visita pero lo cierto es que me sorprendió gratamente y recomiendo ir a cualquier persona que vaya a Ámsterdam, la entrada es un poco cara pero merece la pena porque además te invitan a mucha cerveza, hay juegos, te sacan muchas fotos muy graciosas y te explican todo el proceso de elaboración de cerveza.

Foto 3. Heineken Experience

 

Foto 4. Heineken Experience.

Día 3:

El tercer día lucía un sol espectacular. Aprovechamos a visitar una casa barco, que es una forma muy habitual de vivienda en Holanda y hay una de ellas adaptada para visitas.

Pasamos el resto de la mañana paseando por la ciudad y ya que yo soy Microbióloga, visitamos el museo Micropia, en el que tuvimos muy buena experiencia. Es un museo muy interactivo y en el que los niños pueden aprender muchas cosas.

Foto 5. Foto desde el edificio del museo NEMO.

Por la tarde fuimos a Haarlem, una pequeña ciudad cercana que merece una visita. Tiene una plaza preciosa.

Foto 6. Haarlem.

 

Foto 7. Estación de tren de Haarlem.

Día 4:

Como ya comenté al principio, habíamos comprado con la “I amsterdam Card” un billete para visitar la región periférica de la ciudad. Nosotros decimos hacer un buen recorrido, pero todo está muy cerca y además teníamos todo el transporte pagado.

Foto 8. Amsterdam Centraal, edificio muy emblemático de Ámsterdam.

A primera hora desde la estación Amsterdam Centraal, cogimos un bus que nos llevó hasta Zaanse Schans; una región llena de molinos de viento. Construídos la mayoría de ellos hace más de un siglo y en cada uno de ellos desarrollan una actividad, uno es una fábrica de chocolate, otro de queso, otro es una serrería de madera… se pueden visitar y el paisaje es precioso.

Foto 9. Zaanse Schans.

Foto 10. Fábrica de queso en Zaanse Schans.

Desde Zaanse Schans tuvimos que volver a la estación central y desde allí a Edam, pueblo famoso por sus quesos. El pueblo es muy bonito pero muy residencial, nos costó encontrar un sitio para comer.

Después de haber comido nos fuimos a Volendam, un pueblecito pesquero muy bonito. Es más turístico pero tiene un puerto precioso.

Foto 11. Volendam.

El billete que teníamos de visitas incluía también un billete de ferry que cruza desde Volendam hasta Marken, una islita que está enfrente. cogimos el ferry y allí nos fuimos.

He de decir que fue casi lo que más me gustó del viaje. Un pueblo muy auténtico, en el que parece que la vida moderna aun no ha llegado. Los niños jugaban en la calle, los jardines con ropa tendida, todo era paz y tranquilidad.

Foto 12. Marken

 

Foto 13. Marken

Desde Marken, volvimos a Amsterdam en bus ya que la isla está conectada con un puente.

Esa noche paseamos por Ámsterdam, era nuestra última noche allí. El barrio rojo, conocido mundialmente.

Foto 14. Centro de Ámsterdam

Foto 15. Barrio rojo

Foto 16. Barrio rojo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Holanda y Ámsterdam nunca habían llamado mi atención pero volví enamorada de la ciudad y también de todos los pueblos que visitamos. Recomiendo a cualquier persona que vaya a Ámsterdam que dedique un día menos a la ciudad y visite los alrededores ¡se sorprenderá!.

Holanda son canales, son bicis, es queso, es callejear, es libertad y como no ¡son tulipanes!

Mónica Cerezales (25 años)

Cangas de Onís (Asturias), paisaje natural

Mi familia y yo decidimos ir a Asturias a pasar el puente de San Prudencio. Teníamos muchas ganas de poder visitarlo, así que aprovechamos este puente para hacer una escapadita de tres días .

La zona de Cangas de Onís es muy visitable en cualquier época del año, hay una gran variedad de actividades a realizar.

Nosotros subimos en coche a los Lagos de Covadonga. Los lagos espectaculares, tuvimos muchísima suerte, porque muchas veces están tapados por la niebla y es imposible ver nada. Pero merece totalmente la pena.

Un sitio a visitar puede ser también el museo de El Quebrantahuesos, un ave extinto en los Picos de Europa en vías de recuperación, para conocer un poco más de la fauna de la zona.

El descenso del río Sella es muy famoso, se hace en canoa, y si te gusta la aventura puede ser muy buena opción para pasar el día.

¡Eso si, no te puedes ir de Asturias sin comerte una buena fabada y beber sidra!

Andrea Pallés (14 años)

Japón es mucho más que sushi

Mi último viaje fue a Japón. Para algunos el país del sol naciente, para otros el país del sushi y para mí era simplemente el país más lejano en el que iba a estar.

La verdad es que los momentos previos al viaje no requirieron mucha preparación. Eran solamente diez días por lo que solamente necesitaba ropa abrigada (aviso a navegantes, en Febrero hace mucho frío), aparatos tecnológicos necesarios y desgraciadamente y como habitualmente hacemos, una mochila cargada de prejuicios sobre el país.

Japón, Japón, Japón… Lo que me esperaba era básicamente que se alimentaran solamente a base de sushi, le echaran esa especie de crema verde llamada Wasabi que pica bastante, hubiera mucho friki del videojuego y la tecnología y las calles estuvieran repletas de tribus urbanas.

Para mi sorpresa, mi visita a Tokio fue mucho más que eso. Resulta que no todo el mundo vestía de “lolitas” ni con camisetas de Pokemon o Doraemon.

Muchos aspectos me llamaron la atención…

Empecemos por uno de los más importantes, la comida. Vale, sí, es cierto que comen mucho sushi, pero no es lo único ni mucho menos. Por ejemplo, ¿Habéis oído hablar del “edamame”? Es una verdura, una especie de vaina que a simple vista no es muy apetecible. Lo comen casi a diario como si fueran pipas y solían sacarlo como entrante cuando estamos a la espera de que lleguen los platos principales. Una vez lo pruebas llama la atención lo sabroso que es a pesar de su pinta sosa.

 

Foto: Edamame, verdura típica Japonesa generalmente servida como entrante

Probablemente no tengáis la misma destreza con los palillos que los locales pero no dudéis que si preguntáis a algún Japonés cómo se utilizan os van a ayudar siempre con una sonrisa.

Sorprendentemente, otro aspecto que remarco como importante son los baños. Entres al baño que entres sea donde sea (incluso la tasca más cochambrosa de los suburbios) sentirás que estás en el futuro. Adiós a nuestras letrinas tercermundistas sin un botón y sin chorros a tu gusto. Sí, como lo oís. Convierten hasta un baño en algo muy complicado de utilizar, lleno de botones para activar y desactivar chorros, secadores e incluso música.

Sigo con las calles. Parece increíble que en una ciudad como Tokio con más de 14 millones de habitantes pueda ser tan silenciosa. Si aterrizáis por allí algún día os encontraréis calles tan limpias como silenciosas. Además, cada 10 metros podréis encontrar una máquina expendedora tan coloridas como estas:

Foto:Máquinas expendedoras que se encuentran en cualquier esquina de las calles de Tokio

Pero, ¿Qué hay de los Japoneses? La verdad es que mi estancia fue solamente de 10 días, por lo que no me dio tiempo a conocerles realmente, si lo justo para darme cuenta de que son muy muy introvertidos y muchos de ellos tienen problemas para socializarse de una manera natural .

Son tan extremadamente educados (que además de a penas rozarte con su mochila cuando el metro está a rebosar), siempre te responderán con palabras agradables. Su máxima es “Haz lo que quieras siempre y cuando no molestes a los demás”. Por suerte, en este viaje conseguimos sacar el lado más divertido de algunos de ellos:

Foto: Grupo de japoneses sacando su lado más divertido tras finalizar un taller sobre emprendimiento

Si algún día tenéis la oportunidad de viajar a este magnífico país no dudéis en visitar la gigantesca ciudad de Tokio. Tanto los lugares típicos como son: el gran paso de cebra de “Shibuya” donde al día cruzan millones de personas, la estatua del perro “Hachico» ó el gran templo de “Asakusa”. Además de visitar estos sitios tan típicos como imprescindibles, también os invito a quitaros vuestras gafas de turistas y perderos por las calles más auténticas visitando algún “Pachinco”, (lugares gigantescos de juegos recreativos), haceros fotos en un “puricura” ó simplemente callejear como un local más.

Si además tenéis tiempo de hacer turismo os recomiendo visitar “Kamakura”. Está en un pueblecito muy cercano a Tokio, de echo se puede llegar en una hora en metro y podréis ver un Budha gigante y muchísimas tiendas de objetos de segunda mano. “Typical Japaneesse”.

Eso sí, id preparados a que nadie os regale nada y con la cartera llena. La vida en Japón es muy cara. La mayor parte de mis gastos fueron destinados a comida (una media de 4000 yenes al día, al rededor de 30€) y en transporte público (340 yenes que son 2,5€ aproximadamente cada viaje en metro).

En conclusión, os animo a visitar este gran país, seguro que os sorprende. Y para los más precavidos, si tenéis tiempo de aprender las palabras básicas en Japonés para sobrevivir no dudéis en hacerlo, dominan el inglés en lugares contados, lo que hace que el país sea aún más auténtico.

 Arigato gozaimashita = Muchas gracias! 😉

 

Foto: Bandeja típica de diferentes piezas de maki, sushi y sashimi. Precio: 1200 Yens, 9€ aprox

Foto: Budha gigante de Kamakura, sitio turístico a una hora de Tokio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: estatua del perro “Hachico”, famoso por la historia contada en la película con su mismo nombre, “Hachico”, muy recomendable

 

 

Foto: “Pachinco”, nombre para referirse a los grandes edificios de juegos recreativos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: Tokio desde las alturas

Foto: Paso de cebra de Shibuya, centro de Tokio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nahia Cortázar (22 años)

“Biluztu zaitut, Senegal”

2014ko uUztailaren 24a zen inork asma ezin zezakeen etorkizun baten aurrean jarri nintzenean: Bilbo-Adolfo Suárez (Barajas)-Dakar. Espektatiba eta suposizio guztietatik aldenduta, datorrena datorrela, esperientzia urre balitz legez hartu nahian. Hazi eta hezi.

Agian, eguneroko errutina apurtu nahian edo besterik gabe munduari begiak ireki gurean; baina konturatu orduko han nintzen, Senegaleko hiri koipetsuenean. Begiak handi eta bizkor, nire gida izango zen Bouba aurkitu nahian; ikaraz baino jakin-minez.

Niri begira zen zutik, lasai eta irribartsu, nire ispilu egin zen arte.

Besarkada luze batek eman zion nire bidaiari hasiera eta nire emozio eta sentsazio guztiak azalpen logiko guztietatik haratago zihoazen; hainbeste ezezagunen artean, etxean nintzen.

Iparraldetik hegoaldera, beltzetik zurira.

Herrien izenak baino haien begiradak idatzi ditut nire mapan, noizbait itzultzekotan gal ez nadin, baina batez ere, izandakoak izaten jarrai dezan.

Ongi etorria eman zidan besarkada berdinak agurtu ninduen, isilean eta goxo, zera esanez… “batzuetan gure teoriak desikasi behar ditugu, zerbait ikasi ahal izateko”.

1-ARGAZKIA

“Aldea Bassari”-ra joan ahal izateko, Ibel herrian utzi genuen kotxea. Eta hauek dira, herri horretan hurbildu zitzaizkigun umeak.

Argazkia: Bouba-k aterata. 

2- ARGAZKIA

Dakar-etik 20-25 minutura dagoen Gorée irlako esklabuen etxean Bouba eta biok. (Argazkian ageri den ate horretatik eramaten zituzten esklabuak Ameriketara.)

Julene Mendiola