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La población alavesa y vitoriana ve más aspectos positivos que negativos en la inmigración y no la considera un problema

– Sigue siendo necesario luchar contra los prejuicios y falsos estereotipos hacia la población inmigrante, sobre todo los relacionados con nuestro estado de bienestar

– Las poblaciones alavesa y gasteiztarra presentan actitudes y posturas similares a las del conjunto de la población vasca

 

 

 

Esta mañana se han presentado en el Bibat los resultados de los Barómetros 2018, que miden las actitudes hacia la inmigración extranjera de las poblaciones alavesa y gasteiztarra. José Antonio Oleaga, director de investigación de Ikuspegi-Observatorio Vasco de Inmigración y profesor de la UPV/EHU, ha destacado la mejoría en las actitudes y posturas hacia la inmigración en los últimos años, coincidiendo con un mejor contexto de las condiciones macroeconómicas y un escenario a corto plazo de mayores certidumbres sociales.

El investigador de Ikuspegi ha estado acompañado de Nekane Zeberio, directora del Gabinete del Diputado General de Álava; y Estitxu Pereda, directora del Departamento de Alcaldía y de Relaciones Institucionales de Vitoria-Gasteiz.

El informe recoge los resultados de dos informes específicos que reúnen, respectivamente, por un lado, las actitudes y posturas de la población alavesa y, por otro, de la población gasteiztarra. Estos informes están alineados con el Barómetro 2018 de la CAE, cuyos resultados se presentaron la semana pasada en Bilbao.

Solo un 10,6% de la población alavesa y un 10,1% de la vitoriana perciben la inmigración como un problema. Los datos recogidos parecen indicarnos que las poblaciones alavesa y vitoriana, de manera paralela a la mejora de la situación económica general –al menos en lo que a indicadores macroeconómicos se
refiere–, vuelven a apreciar los beneficios económicos de la inmigración.

No todo son luces. Fouassier destaca también algunas sombras: “Los mayores recelos de la sociedad alavesa y vitoriana tienen que ver con el mantenimiento de nuestro estado del bienestar, con el acceso a las ayudas sociales y con el reparto de esas ayudas. También suscitan controversia y a veces rechazo que las personas inmigrantes construyan templos para sus religiones, vistan como en su país de origen o la creación de centros escolares privados”. En esta cuestión, la recomendación de Oleaga es clara: “Para poner freno a los discursos intolerantes basados en estereotipos falsos y negativos contra la población inmigrante es necesario cerrar los espacios de impunidad de esos discursos que perjudican gravemente la convivencia y fomentan la discriminación”.

En el acceso a derechos la población alavesa y de Vitoria-Gasteiz, son cada vez más partidarias de que todas las personas inmigrantes extranjeras puedan acceder a la educación y a la asistencia sanitaria (entre un 80 y un 90%), dejando para las regularizadas el acceso a la asistencia jurídica, ayudas sociales, reagrupación, voto y vivienda VPO.

Estas poblaciones no ocultan sus preferencias cuando hablamos de personas de origen extranjero: sus simpatías y preferencias las dirigen hacia personas de la UE occidental y latinoamericanas, más cercanas culturalmente, mientras que presentan más reticencias con las personas del Magreb, de Rumanía y UE oriental, Pakistán, más lejanas a nuestro mundo simbólico. En este aspecto tampoco se diferencian del conjunto de la población vasca.

Con respecto a la llegada de personas refugiadas, 3 de cada 4 personas manifiestan posturas claramente inclusivas al decantarse por acoger a todas ellas, sin restricciones, o si se comprueba su condición de perseguidas. Y en política de inmigración, la población alavesa y gasteiztarra suavizan sus posturas para la entrada de la población inmigrante extranjera, ligando sobre todo el contrato de trabajo con la regularización y la permanencia en nuestra comunidad.

Barómetros 2018 sobre inmigración

 

 

 

 

 

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