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Categorías: Notas de prensa  —  Etiquetas:   —  Komunikazio Zerbitzua / Servicio de Comunicación  —  8 noviembre 2018 13:42

 

La Junta de Portavoces aprueba por unanimidad adherirse a la convocatoria que organizará el Parlamento Vasco esta sábado 10 de noviembre

Todos los grupos municipales han aprobado reunidos en Junta de Portavoces adherirse a la convocatoria que organizará el Parlamento Vasco este sábado 10 de noviembre con motvo del Día de la Memoria.

Además, los grupos políticos de EAJ-PNV, PSE-EE, Podemos e Irabazi han aprobado una declaración para conmemorar ese día, texto propuesto por el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, Gogora.

Declaración con motivo del Día de la Memoria 2018

El Día de la Memoria 2018 está temáticamente dedicado al análisis crítico sobre el papel jugado por la sociedad vasca en el transcurso de lo que se conoce como Memoria Reciente, los últimos 60 años. Este análisis ha de tener una de sus referencias fundamentales en la mirada y actitud que nuestra sociedad tuvo en relación con las víctimas del terrorismo y la violencia. En este sentido, podemos y debemos hablar de sombras y de luces.

Sombras

Entre las sombras, debe destacarse el abandono sufrido por las víctimas, especialmente, en las décadas de los setenta y los ochenta.

En estas décadas, especialmente a principios de los 80, ETA protagoniza su etapa más cruenta. Sólo hasta final de 1987, había provocado 586 víctimas mortales. La respuesta de la sociedad vasca y de sus entidades e instituciones no estuvo a la altura de lo que aquella violencia supuso y de lo que aquellas víctimas merecieron.

En la Transición, la sociedad vasca padeció los coletazos de la represión franquista así como atentados de organizaciones parapoliciales o de extrema derecha en un contexto de impunidad. Las denuncias de tortura han sido una realidad persistente. Todavía en los 80, el GAL, que actuó de 1983 hasta 1987, provocó 29 asesinatos. Estas víctimas sufrieron discriminación y negación oficial de su existencia y realidad.

En este tiempo, la sociedad vasca vivió atrapada, coaccionada, conmocionada, silenciosa y silenciada…, sin encontrar referencias, ni liderazgos claros de respuesta. Lo cierto, en cualquier caso es que las víctimas no recibieron la atención, el apoyo ni la solidaridad que debían.

No la recibieron por parte de la ciudadanía; pero tampoco por parte de las instituciones, los partidos políticos, los medios de comunicación o los agentes sociales. Esta es una gran sombra que debe ser asumida de modo crítico y autocrítico.

Reconocemos explícitamente que, hasta primeros de los 90, en nuestra sociedad llegamos tarde a la causa de las víctimas, a la sensibilidad y respuesta que merecían, y reconocemos que no todas las víctimas recibieron una misma consideración social o institucional, dependiendo de quién fuese el victimario o dónde fuese situada la víctima. También debemos reconocer críticamente que, en los años siguientes, a menudo, las divisiones políticas desdibujaron la unidad en la solidaridad y en el rechazo a la violencia.

Hacemos autocrítica por todo ello. Pedimos perdón a las víctimas de la violencia y de todos los terrorismos, sin exclusión, especialmente a las producidas en las décadas de los 70 y 80 por la desatención que padecieron. Queremos subrayar singularmente este reconocimiento ante las víctimas provocadas por ETA, porque esta organización contó con apoyo social. Frente a todas las víctimas reconocemos que debimos reaccionar antes y hacerlo mejor y más unidos.

Luces

Desde finales de los 80, la respuesta social crece de modo progresivo en Euskadi. Lo pondrán de manifiesto, la proliferación de movimientos sociales; infinidad de movilizaciones tanto masivas como testimoniales, y múltiples iniciativas sociales, mediáticas, políticas e institucionales como, el Pacto de Ajuria Enea, y en todos los ámbitos de la sociedad vasca.

La década de los 90 estuvo presidida por una progresiva sensibilización en relación con las víctimas, y a partir del 2.000 ha estado caracterizada por la construcción de una cobertura normativa, institucional y social de protección activa de los derechos de las víctimas

 

 

 

 

Estas son las luces que queremos y podemos destacar en nuestra sociedad. A partir de 1990, tuvimos una sociedad progresivamente implicada y organizada en contra del terrorismo y la violencia, a favor de las víctimas, en defensa de los derechos humanos, del diálogo y de la convivencia.

Entre las luces también hay claroscuros, como los hay entre las sombras. Pero esta es la realidad que merece ser recordada y promovida como un valor relevante de nuestro pasado en su proyección al presente y al futuro.

Es necesario, en este momento, recordar el esfuerzo de tantas personas, entidades sociales, movimientos por la paz, asociaciones y fundaciones de víctimas, partidos políticos e instituciones, especialmente en los últimos 30 años. Durante mucho tiempo debieron hacerlo en las más adversas condiciones y, en ocasiones incluso, luchando contra el miedo o la amenaza, y sosteniendo la esperanza contra toda esperanza. Hoy merecen un reconocimiento especial.

Una conclusión

Si miramos a nuestro pasado reciente, lo peor de nuestra historia como sociedad tiene que ver con el abandono que sufrieron las víctimas y con una insuficiente reacción frente al terrorismo y la violencia, especialmente en las décadas de los 70 y los 80. Si miramos a nuestro pasado reciente, lo mejor de nuestra historia como sociedad tiene que ver con la implicación y reacción social y política que, a favor de las víctimas y frente a la violencia tomó cuerpo, especialmente a partir de los 90.

La pedagogía de la memoria que podemos extraer de esta experiencia es que frente al terrorismo y la violencia la respuesta que hace futuro es anteponer a cualquier otra consideración la solidaridad con las víctimas y el compromiso claro, implicado y compartido con el valor superior de la dignidad humana, el derecho a la vida y los derechos humanos de todas las personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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